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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Dos jarros de agua fría más sobre la reconstrucción de este país

Protestas por el cierre de Nissan en Barcelona.
photo_camera Protestas por el cierre de Nissan en Barcelona.

Que España va a necesitar reconstruirse, tras los derribos que ha causado la pandemia de Covid-19, resulta una amarga evidencia. Ahí están, por citar algo, sectores tan amenazados como el automóvil y el turismo, que son dos de las patas económicas del país.

Y están las previsiones de caída del PIB hasta del 15%, el cierre de empresas, el desistimiento de cientos de miles de autónomos, y la expectativa de un paro en los umbrales del 20%.

Así que va a hacer falta ponerse a la tarea de la recuperación. Todo el mundo lo tiene claro. El problema es cómo lo vamos a hacer. Y quién.

Ya hemos sufrido algunas noticias negativas, como la decisión del Gobierno de constituir una comisión de reconstrucción… integrada por políticos. ¡Qué sabrán esos diputados, y menos aún el presidente, Patxi López, sobre como restañar las heridas económicas del coronavirus!

Otra frustración se centra en la comedia montada por Moncloa con la famosa comisión de cien economistas para reconstruir el país, que en realidad ha sido una simple operación de imagen (por no llamarlo de engaño). Los integrantes de tan cacareada sociedad apenas se han reunido nunca. Esos tampoco van a reconstruir España.

Ha habido voces bastante más cualificadas y ofrecimientos más serios, de cara a la ingente tarea de levantar el país, como ha ocurrido con el que fuera presidente de Telefónica España, Luis Miguel Gilpérez, que ha insistido en la necesidad de que España cuente con un plan "único e integral" de reconstrucción del país, que vaya "más allá de acciones sueltas", y que esté elaborado conjuntamente entre el sector público y el privado.

Gilpérez, que por experiencia y conocimientos bien podría liderar un proyecto nacional de ese estilo, opina que en España no existe actualmente un plan de reconstrucción, sino acciones sueltas que pueden dar su fruto o no. "Estamos más en un planteamiento de que las cosas se resuelvan por sí mismas y tengo poca confianza en ese modelo", ha dicho.

No sé si le van a hacer mucho caso. Por lo visto, son tiempos de jarros de agua fría.

Hay dos jarros fríos más. Lo ha explicado en una entrevista Raymond Torres, director de coyuntura y análisis internacional de FUNCAS. Otro que podría liderar ese programa de recuperación nacional.

Dice que el dinero europeo, esas ayudas en las que hemos puesto gran parte de la esperanza, llegará ¡a mediados del año próximo! Y que la recuperación hay que situarla en 2003.

Y también denuncia que Alemania está jugando sucio. Como suena. Que la canciller Merkel está metiendo dinero en sus grandes empresas para hacerlas más competitivas respecto al resto de las europeas, lo cual, además de ser competencia desleal, pone en peligro el mercado único. Un caso flagrante son las inversiones en Lufthansa.

El tiempo pasa, otros países están ya en marcha, pero aquí el Gobierno sigue sin ponerse las pilas

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