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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Y el líder de la oposición es… Pablo Iglesias

Pablo Iglesias abraza a Pedro Sánchez
photo_camera Pablo Iglesias abraza a Pedro Sánchez

Sánchez afirmó, en un momento de sinceridad, de esos que tiene pocos y que le suelen costar bastante caros, que no dormiría tranquilo teniendo a Pablo Iglesias a su lado en el Gobierno. Tenía toda la razón. Lleva tiempo dándose cuenta de ello, y ahora lo ha vuelto a comprobar.

Resulta que el fraternal partido con el que ha formado un Gobierno de coalición acaba de pasarse a la oposición. Si no con una declaración formal, sí al menos con los hechos.

Por citar el caso más llamativo, Podemos ha solicitado la “dimisión inmediata de un miembro del Gobierno del que forma parte, del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, por la situación de los migrantes en Canarias.

No sé si los libros de historia política habrán recogido un hecho semejante, en este o en otro país: que el partido miembro de un Gobierno de coalición se autocensure reclamando la destitución de uno de los integrantes de ese Ejecutivo.

Pero hay más. El fraternal partido se ha atrevido a enmendar una ley que él mismo había redactado junto con el otro socio, con los socialistas.

Me refiero a los Presupuestos Generales del Estado, y a la propuesta que ha firmado con Esquerra y Bildu para que se suspendan los desahucios de viviendas y los cortes de suministros básicos a las familias en situación de vulnerabilidad social hasta 2023.

Pedro Sánchez, lo mismo que su equipo, hasta se enteraron por la prensa, cuando los portavoces de esos tres grupos parlamentarios comparecieron por sorpresa en el Congreso para anunciar la enmienda conjunta a los Presupuestos Generales del Estado.

Rizando el rizo de lo absurdo, la vicepresidenta, Carmen Calvo, ha criticado a sus fraternales aliados por enmendar sus propias cuentas, acusando a Podemos de querer "ganar visibilidad". Como si no tuvieran suficiente, digo yo, con una vicepresidencia segunda y cinco ministerios. ¿No es suficiente? ¿Es que quieren más?

En esta línea nueva, de liderar la oposición al Gobierno del que forman parte, Podemos ha mostrado por libre su apoyo al Frente Polisario, en el nuevo conflicto bélico que le enfrenta a Marruecos. Eso, sin olvidar que el mismísimo Pablo Iglesias ha criticado las devoluciones en caliente que está realizando el Ejecutivo que vicepreside. Me parece que tales actuaciones no pueden calificarse de coherentes. Digo yo.

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Cierto es que dentro de Podemos existe malestar con sus colegas de Gobierno, con el PSOE, porque consideran que les están dejando solos en alguna iniciativa. Singularmente a la hora intentar acordonar a la monarquía, convertido, en palabras de Pablo Iglesias, en el objetivo principal del partido.

Primero fue la proposición de ley presentada por Compromís y Más País para la creación de un registro patrimonial de la Casa Real, mediante una declaración de bienes y de otras actividades similares. El PSOE se unió a Vox y Partido Popular para rechazar la propuesta, lo que provocó el enfado en las filas de Podemos.

Poco después, el secretario primero de la Mesa del Congreso, diputado de Podemos, Gerardo Pisarello, pidió al Congreso que traiga a Juan Carlos I del “exilio”, para que dé explicaciones sobre los actos cometidos antes y después de su abdicación.

Según la gente de Podemos sería “una buena oportunidad para que el PSOE mostrara su apoyo a la formación morada”. Los seguidores de Pablo Iglesias insistieron en que los socialistas “tienen que distanciarse de la monarquía”. Y ha sido que no.

Se me ocurre pensar que estos asuntos, y otros más, tendrían que ser objeto de un discusión interna, entre los dos socios, en la que llegaran a los imprescindibles consensos. La inmigración, los Presupuestos, la monarquía, el Frente Polisario, no son asuntos menores.

Y, visto lo visto, tengo que concluir que tal procedimiento no existe. Extraño, ¿no?

Sin pretender ser malpensado, a lo mejor lo que ocurre es que esta es la situación ideal para Pablo Iglesias. Por un lado, forma parte del Gobierno, con el plus de prestigio (y económico) que significa. Pero, por otro lado, es también la oposición al Gobierno. Con lo que, seguramente habrá concluido, gana en las dos direcciones. No parece mal visto. Aunque lealtad, lo que se dice lealtad, no muestra demasiada.

Creo que Pedro Sánchez estará tomando nota. Más le vale.

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