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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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El liderazgo blando de Juanma Moreno

photo_camera Juanma Moreno con su "vaca de la suerte"

Cuando, en 2014, Juan Manuel Moreno Bonilla fue nombrado líder del PP andaluz, por una imposición de Soraya Sáenz de Santamaría, que fue quien lo envió allí, pocos imaginaban que iba a llegar donde ha llegado. Y menos aún a dónde puede llegar. Es decir, conseguir una amplia mayoría en las elecciones del domingo y revalidar mandato.

Aquellos años, en los ámbitos políticos y periodísticos se le llamaba sobre todo “Moreno Bonilla”. Algo así como un desconocido del que había que manejar dos apellidos para identificarlo. Ahora es “Juanma Moreno”. O sea, un tipo que todo el mundo conoce, alguien cercano, casi casi un colega. Principalmente en su tierra.

Moreno tiene en Andalucía, por así decirlo, perfil de “uno de los nuestros”. Nieto de jornaleros (el abuelo materno era socialista), sus padres emigraron a Cataluña. Nació en Barcelona, pero a los tres meses la familia regresó a Málaga, donde su padre tuvo una droguería en el barrio del Puente de las Américas. Estudió en la Universidad Laboral y con 16-17 años fue vocalista de varios grupos de pop-rock de ámbito local, como Lapsus Psíquico y Falsas realidades. Un tío suyo fue concejal socialista en Alhaurín El Grande.

Inició las carrera de Psicología y de Magisterio, sin llegar a terminar ninguna de las dos, y con 19 años se afilió al Partido Popular, llegando a ser presidente de Nuevas Generaciones de Málaga. Concejal en Málaga con 25 años y con Celia Villalobos como alcaldesa, diputado en el Parlamento de Andalucía dos años después, fue también elegido presidente nacional de Nuevas Generaciones y nombrado responsable de Política Autonómica y Local del PP.

En el año 2000 resultó elegido diputado por Cantabria, en 2007 lo fue por Málaga, y en 2011 fue nombrado secretario de Estado de Servicios Sociales, donde tampoco alcanzó especial notoriedad. Obtuvo un grado en Protocolo y Organización de Eventos por la Universidad Camilo José Cela, y realizó el Programa de Liderazgo para la Gestión Pública del IESE.

Sin embargo, tras el desembarco de 2014 en Andalucía, logró hacerse con las riendas del partido, y en 2017 se vio reelegido presidente regional con el 95% de los votos de los afiliados.

Con la dimisión de Mariano Rajoy en 2018, Juanma Moreno apoyó la opción de Soraya Sáenz de Santamaría en las primarias del PP que ganó Pablo Casado, lo que aparentemente puso en riesgo su continuidad como líder andaluz.

Continuó, sin embargo, en el cargo, y como tal encabezó las listas populares en las elecciones de 2019, en las que logró el milagro: convertirse en presidente de Andalucía, poniendo así término a casi cuarenta años de hegemonía socialista.

Al frente de la Junta, ha puesto en práctica una gestión pragmática, del día a día, sin grandes alharacas, aunque también con gestos llamativos como la práctica eliminación del impuesto de sucesiones.

 

Se ha dedicado a gestionar, sin armar muchos jaleos, pero consiguiendo resultados en la que es la tercera economía del país. El último informe de la AIReF destaca que Andalucía, Baleares y Canarias son las comunidades que más crecen en el último año. El crecimiento medio interanual en las comunidades autónomas es del 6,4%, mientras que Canarias alcanzan el 11%, Baleares el 8,4%, y Andalucía el 7,4%.

Como digo, Juanma Moreno se ha esforzado en ofrecer una cara amable, cercana, que por lo visto ha enganchado con la gente. Eso al menos anuncian las encuestas. Un liderazgo blando, por así decirlo, que le está funcionando.

Esa actitud la ha replicado durante la campaña electoral, apostando por gestos populares como la visita a la famosa “vaca del suerte”, o prometiendo televisión gratis y wifi en todas las habitaciones de la sanidad pública andaluza. O el aviso a los andaluces de que el domingo no vayan a las playas porque “habrá muchos atascos” y sí vayan a votar.

En los dos debates electorales celebrados, con los seis candidatos, ha mantenido un protagonismo bajo, sin entrar en batallas dialécticas, incluso sin defender demasiado sus logros como presidente. Algunos analistas llegaron a comentar que el candidato de Ciudadanos, Juan Marín, su vicepresidente, estaba defendiendo la gestión de Juanma Moreno mejor que el propio afectado.

Y le está yendo bien. Falta la confirmación de las urnas, el domingo.

Es verdad que, de cara a las elecciones, se beneficia también de otros factores colaterales, como son la errática gestión de la economía del país por parte del PSOE, los escándalos de corrupción socialista como el caso de los ERES y la imputación y condena de los ex presidentes Chaves y Griñán, además de factores nacionales como la realidad de un Gobierno de España que se ha aliado con los independentistas catalanes y con los herederos de ETA. Por no hablar del alza de la luz, la inflación desbocada, el precio de los carburantes...

Todo eso suma, por supuesto. Pero, si al final Moreno Bonilla, o más bien Juanma Moreno, logra mantener la presidencia de Andalucía, como trasfondo estará el liderazgo blando que ha adoptado.

Eso sí. Habrá necesitado gestionar bien el apoyo de Vox, porque si no...

editor@elconfidencialdigital.com

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