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¿Y si en lugar de rey hubiera un presidente de la república?

Felipe VI, en el desfile del 12 de octubre de 2018. Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)
photo_camera Felipe VI, en el desfile del 12 de octubre de 2018. Álvaro García Fuentes (@alvarogafu)

El Gobierno de Pedro Sánchez, y con él los ministros sin excepción (incluido el mismísimo José Borrell), junto con todos los dirigentes del PSOE, han optado por una línea complaciente y blanda en el problema de Cataluña, el desafío más grave que sufre este país.

Desde el Ejecutivo no se realiza ninguna declaración, ni se toma decisión alguna, que pueda incomodar, siquiera sea levemente, al independentismo. Ocurre que, si se mantienen en el poder, es porque les votaron y les siguen apoyando. La consigna, pues, es dejar pasar.

Porque el día que los independentistas decidan romper la baraja, se acabó el tiempo de Pedro Sánchez y su Gobierno de 84 diputados. Por eso andan con tantos remilgos y sin tomar decisiones claras acerca de lo que allí ocurre. Dejar pasar.

Que la consigna es complacer a PdeCAT y ERC y no molestarles, lo muestran numerosos procederes y comportamientos.

Nada más llegar, el Gobierno Sánchez levantó el control de las cuentas de la Generalitat. O sea, la potestad que hizo posible que cuantiosas ayudas económicas se entregaran a las entidades catalanistas que fueron el alma del referéndum. Lo mismo que se financió el sostenimiento de las famosas ‘embajadas’ catalanas

Ahí está el anuncio, apenas tomar posesión, de que procederían a la retirada de recursos de inconstitucionalidad interpuestos por el anterior Gobierno contra medidas aprobadas por la Generalitat.

Y Borrell diciendo que las delegaciones internacionales catalanas, las embajadas, no pueden ser clausuradas. No solamente eso. Han reabierto en septiembre la representación en Berlín que había sido clausurada en aplicación del 155.

Se vio al Gobierno dudando sobre si defender o no al juez Llarena, en la demanda contra él presentada en Bélgica por Puigdemont

La ministra de Política Territorial ha mencionado en varias ocasiones la posibilidad de que el Gobierno recupere, mediante cambios en leyes orgánicas, algunos de los artículos del Estatut de 2006, ese que el Tribunal Constitucional reinterpretó o anuló en su famosa sentencia de 2010.

Es más. Sugirió Batet respaldar la "presencia de los presidentes autonómicos en las reuniones con países vecinos". Por ejemplo, Torra podría haber acudido a la reunión que Sánchez tuvo con Emanuel Macron. O a otras posteriores.

Hemos visto a la vicepresidenta, Carmen Calvo, interfiriendo en el criterio de los jueces cuando ha dicho que, si el juicio a los líderes independentistas de Cataluña se retrasa mucho, "no sería lógico alargar la prisión preventiva", en la que llevan más de diez meses. 

Sánchez acaba de aprobar un acuerdo de financiación entre el Gobierno de España y la Generalitat, por el que se destinarán a Cataluña 1.500 millones de euros para infraestructuras y otros 2.700 para financiar la deuda de la comunidad. Que no sea por dinero.

El actual Gobierno, en fin, mira hacia otro lado mientras en Cataluña se consolidan la anormalidad y el desacato por la vía de los hechos consumados, se ahonda la fractura social y no se revierte el deterioro económico.

Y continúa con los gestos de condescendencia, como la última decisión de enviar a Cataluña todos los papeles del Archivo Histórico de Salamanca.

Visto lo que está ocurriendo, habida cuenta de que el proceso hacia la independencia de Cataluña no está siendo frenado sino que continúa adelante, cabe hacerse una pregunta, siquiera sea teórica o a título de mera hipótesis.

Si en España existiera una república, y el presidente perteneciera al Partido Socialista porque así lo hubieran decidido las urnas. ¿qué actitud adoptaría el Jefe del Estado en relación con lo que está ocurriendo en Cataluña?

Si el futuro de un Gobierno socialista dependiera de concesiones a los independentistas, ¿ese presidente iría contra los intereses de su propio partido y plantaría cara a cualquier proceso que ponga en riesgo la integridad de España? ¿Sería claro, rotundo, en oponerse a la deriva independentista, o sería un Pedro Sanchez bis?

Un presidente de la república de obediencia socialista (de la actual obediencia socialista) ¿habría protagonizado el discurso que pronunció Felipe VI el 3-O, a los dos días del tramposo referéndum de independencia?

[email protected]

En Twitter @JoseApezarena

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