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José Apezarena
José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Nacionalismos desleales: ¿llegó la hora de cerrarles la puerta?

Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso.
photo_camera Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el Congreso.

Los partidos independentistas ERC, Junts, Bildu, BNG y la CUP se abstuvieron ayer de comparecer en el Congreso de los Diputados con motivo de la apertura de la XIV legislatura, presidida por el rey. Y hasta leyeron un comunicado conjunto arremetiendo contra la Corona.

Son los mismos que prestaron un acatamiento condicionado de la Constitución, en medio de proclamas y descalificaciones de todo tipo, incluyendo poner en solfa el sistema político y legal que les permite sentarse en esos escaños.

La pregunta no me parece superflua: ¿qué sentido tiene dejarles entrar en el órgano de representación de la soberanía nacional, cuando no creen en España, y solamente piensan en sus particularismos?

¿Por qué participan en decisiones que afectan a todos los ciudadanos, siendo así que ellos solamente miran a su parcela, que es lo único que les interesa?

¿Cómo van a velar por el interés de todos nosotros quienes no se sienten parte de nosotros?

Bien claro lo dejó la diputada de Esquerra Montserrat Bassa, cuando afirmó en el Pleno del Congreso que le importa "un comino la gobernabilidad de España.

¿Y esos diputados votan y deciden sobre asuntos de interés general de los españoles? Es difícil de entender.

Quizá ha llegado la hora de cerrar la puerta de las instituciones del Estado a quienes no creen en el Estado, o incluso, como ocurre en muchos de esos partidos, quienes se han propuesto acabar con el Estado.

Desde mi punto de vista, los nacionalismos desleales no tendrían que formar parte de las cámaras legislativas, ni del sistema judicial, ni de las decisiones económicas globales. No es que se les excluya, es que se han auto excluido voluntariamente.

Una posible vía para limitar la presencia de esos partidos desleales en el Congreso y el Senado sería recurrir a una sencilla reforma electoral, por la que se establezca que, para conseguir representación parlamentaria, la condición primera es obtener un mínimo de votos a nivel estatal. Por ejemplo, colocar la barrera  en el 3% de los votos, como ya se ha apuntado en muchas ocasiones.

Es una medida que incluso han propuesto algunos políticos, como hizo en su día Albert Rivera.

Algunos estudios teóricos concluyen que, si en España se aplicará la barrera del 3%, el único partido nacionalista-independentista que entraría en el Congreso sería Esquerra Republicana de Cataluña. Se quedarían fuera los demás, es decir, JxCAT, BNG, Bildu, la CUP... incluido el PNV también.

Un efecto indirecto de tal modificación legislativa es que quedarían sin representación partidos regionalistas como los canarios, cántabros, navarros... y, por supuesto, Teruel Existe.

Para intentar remediarlo, esas formaciones necesitarían coaliciones con partidos de ámbito nacional, como ya ocurre con la alianza canarios-socialistas, de UPN y Foro Asturias con el PP, etc.

Dicho todo lo cual, el problema es que no veo a Pedro Sánchez muy partidario de una reforma electoral semejante. Le va muy bien con el sistema actual, porque se ha hecho con la presidencia del Gobierno precisamente gracias a esos nacionalismos desleales.

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