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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Nos controla un Gran Hermano más poderoso que nunca

Antidisturbios de la Policía Nacional.
photo_camera Antidisturbios de la Policía Nacional.

Twitter, Instagram, el CIS, el Portal de Transparencia, la Guardia Civil…todos al servicio del Gobierno y de sus políticas de silencio, censura y bloqueo, con el fin de que su gestión sea validada y no se difundan críticas.

Abundan, en efecto, los episodios de freno a la información, a la libertad de opinión y expresión, cuando se trata de asuntos que afectan al Ejecutivo que preside Pedro Sánchez, y a su trabajo concreto para hacer frente a la pandemia de coronavirus.

Lo último ha sido la denuncia del tenista Fernando Verdasco de que Instagram le ha bloqueado dos encuestas justo al llegar a las 1.000 visitas.

La primera de ellas preguntaba: “¿Os gusta cómo está llevando el gobierno la crisis del Covid 19?”. Y hasta ese momento el resultado era: No el 78%, Sí el 22%.

La segunda planteaba: “Si hoy tuvierais que votar, votaríais al mismo gobierno???”. Con este resultado: No el 69%, Sí el 31%.

El tenista se quejó en otro tuit: “¿No me he metido con nadie, por qué me las bloquean? ¡Sólo quería saber qué piensa el pueblo español de una forma limpia! ¿Ya no tenemos libertad de expresión?”.

Libertad de expresión. Que por lo visto tampoco existe en otra red social, según denuncia de J.V. Santacreu, que ha escrito lo siguiente: “Twitter censura y no creo que sea por decisión suya el hashtag #SánchezVeteYa y también #IglesiasAPrisión”.

Santacreu añade: “El Gobierno está controlando en estos momentos Twitter, Facebook, Instagram y Whatsapp. La libertad crea adicción y por eso los políticos la persiguen. ¡Esto no puede acabar bien!”.

Por lo visto, se trata de cerrar cualquier resquicio, cualquier fuga de información indeseada, como se está haciendo también con el hasta ahora llamado “Portal de Transparencia”, que oculta la información sobre a quién está comprando el Gobierno, o ha comprado, material sanitario destinado a combatir el coronavirus. No explica los costes ni beneficiarios de los contratos que otorga a empresas del sector. ¿Por qué? ¿Qué tiene que ocultar?

El vídeo del día

Ayuso cree que el nacionalismo catalán “se está hundiendo”.

Por cierto, el Gobierno aún no ha explicado el sonrojante incidente de la compra de miles de tests de coronavirus inservibles a una empresa china sin licencia.

Tapar, ocultar, silenciar… mentir.

Lo llamativo es que esas prácticas casi ni lo ocultan. Ni parece que les preocupe. No extraña, por eso, que el CIS, una empresa pública sufragada con el dinero de todos, pregunte en su último barómetro si “habría que prohibir la difusión de bulos e informaciones engañosas y poco fundamentadas por las redes y los medios de comunicación, de modo que bastasen solo las fuentes oficiales para hablar de la pandemia". Solo las fuentes “oficiales”. O sea, el Gobierno.

El ministro Marlaska ha reconocido que el Gobierno monitoriza “las redes y otros sistemas de comunicación”, con el fin de “comprobar algunos discursos que pueden ser peligrosos o delictivos", así como las "campañas de desinformación".

Por eso, no se le fue la mano, ni tuvo un lapsus, el general jefe del estado mayor de la Guardia Civil, José Manuel Santiago, cuando, en rueda de prensa televisada, afirmó que la Benemérita trabaja para “minimizar el clima contrario a la gestión de crisis por parte del Gobierno”. Tal cual. Estaba leyendo. Objetivo: que nadie critique la gestión del Gobierno.

Con tantos recursos y medios a su disposición, nos vigila un Gran Hermano más poderoso que nunca.

Ahí está el proyecto del Gobierno de controlar los teléfonos móviles de todos los españoles. Y el plan, que parece que está parado, de confinar a enfermos asintomáticos en residencias, pabellones deportivos, ferias y cuarteles.

Unas cuantas libertades pisoteadas, y otras más a punto de serlo.

Lo más desanimante es que el principal aliado de este Gran Hermano está en el pasotismo, en la indiferencia. Esas intrusiones, esos bloqueos, se están dando sin apenas quejas ni protestas.

Por lo visto, en estos tiempos se cumple otra vez aquello de que puede más el deseo de seguridad que la pulsión por la libertad.

Por no hablar del miedo. Que lo hay.

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