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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Nos gustan más los ataúdes que las cunas

Niños camino del colegio
photo_camera Niños camino del colegio

El crecimiento vegetativo de la población en España durante 2019, es decir, la diferencia entre nacimientos y defunciones, ha vuelto a ser negativo de nuevo.

En 2019 hubo algo menos de 360.000 nacimientos, de ellos 280.000 de madres españolas, incluidas inmigrantes con doble nacionalidad. Así que estamos peor que en 1939, cuando, en una España con 20 millones menos de habitantes y muy postrada, nacieron 422.000 niños.

El año pasado se registraron más muertes que nacimientos, y, como consecuencia, los españoles autóctonos mermaron en más de 130.000. Como ya se ha escrito, aquí hay más ataúdes que cunas.

Menos mal que la inmigración ha compensado otra vez ese desequilibrio: en la primera mitad del año pasado se registró un saldo migratorio positivo de 209.097 personas, con 348.625 inmigraciones y 139.528 emigraciones.

La natalidad sigue hundiéndose: 3,5% menos nacimientos en total (bajada de un 31% desde 2008) y 5,3% menos de madres españolas. La fecundidad total bajó a 1,23 hijos por mujer, y en el caso de las españolas es de solo 1,17 hijos. Las que menos, las asturianas con 0,92, seguidas de las canarias con 0,94 y las gallegas con 0,98.

Así pues, este país tiene una urgente necesidad de potenciar la natalidad ante el colapso demográfico que padecemos. Lo contrario es caminar al suicidio.

A pesar de esa evidencia, tantas veces repetida, sigue siendo una cuestión que no figura en la agenda política y no es la prioridad de ningún partido. De ninguno.

Otros países europeos, como Francia, como la nórdica Suecia, por no citar a Hungría, han revertido la situación demográfica y están consiguiendo claras mejoras gracias a concretas y cualificadas ayudas a la natalidad.

Aquí, caminamos como digo hacia el suicidio, en medio de un enorme silencio que podríamos calificar de cómplice.

Así pues, las cosas están mal. ¿Pueden ir peor? En lugar de rectificar, pueden ir peor.

Resulta que el ingreso mínimo vital, aprobado en el Congreso con el apoyo de todos los grupos, tiene un efecto colateral perverso: la eliminación de la principal y mínima ayuda familiar existente en España, la ayuda por hijo. Con la nueva norma, ya no habrá subsidios por tener hijos sino sólo por pobreza.

La ayuda por hijo a cargo, como principal medida de política familiar, existe en toda la Unión Europea. Sólo en Grecia fue eliminada por Syriza, el Podemos griego. ¿Es lo que ha buscado su colega Pablo Iglesias, convertido en el paladín de la renta mínima vital?  

En España, la ayuda por hijo es muy reducida, de 341€ anuales.  Además, el límite de renta (12.424€ brutos /año, menos que el SMI), hace que 7 de cada 8 familias no puedan cobrarla.  En el resto de Europa, el 85% de las familias la cobran, bien porque la ayuda es universal, bien porque tienen unos límites altos de renta que engloba a la mayoría de las familias

A pesar de situación tan lamentable, a la cola de Europa, su desaparición terminaría de eliminar la reducidísima política familiar que queda en España. 

Lo ha denunciado Mariano Martínez-Aedo, vicepresidente y portavoz del Instituto de Política Familiar (IPF). “Reclamamos al Gobierno, a los partidos políticos y al parlamento que se corrija este gravísimo error, que puede terminar de hundirnos en el más oscuro invierno demográfico que ya padecemos.  Sin niños ni familias no tenemos futuro”.

“La política social de apoyo a los pobres –ha añadido- no puede hacerse a costa de la familia. No son incompatibles ni sustitutorias, sino que deben coexistir y actuar cada una en su ámbito y en sus objetivos”. 

Proteger a las familias y a los hijos sin discriminar por ningún motivo (incluida la posición económica), es un derecho fundamental y una obligación pública según el artículo 24 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1976, firmado por España e incorporado a nuestro ordenamiento jurídico.

Lo dicho. Nos quieren suicidar, a base de apostar por el ataúd en lugar de la cuna.

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