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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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La resurrección de Pablo Casado

La Real Academia no contempla, que yo sepa, la expresión trampa para cazar elefantes, pero en el lenguaje común se entiende por tal una trampa grande, precisamente para que caigan en ella los animales de mayor tamaño, los paquidermos.

Suele utilizarse cuando el engaño busca asuntos muy relevantes, pero sobre todo a personajes significados, a los que, precisamente por su tamaño, se prepara un agujero singularmente grande, y que por eso resulta mucho más difícil de evitar. Es, como suele decirse, caza mayor.

Vox y el Gobierno, con la ayuda de los medios de obediencia gubernamental, habían convertido previamente la iniciativa parlamentaria contra Pedro Sánchez en una “moción de censura contra Pablo Casado”.

Así fue presentada en los días previos y así se siguió intentando durante el debate por parte del presidente del Gobierno y de Pablo Iglesias.

La propio incógnita acerca de cuál iba a ser el sentido del voto respecto a la moción, las aparentes dudas sobre la abstención o el voto en contra, parecían abonar la impresión de cerco al líder popular.

Y, de hecho, hasta el momento de subir a la tribuna de oradores, Pablo Casado parecía estar atrapado, acorralado, sin encontrar salidas. Casi se adivinaba en su rostro y en sus reacciones.

Eso duró lo que tardó en empezar a hablar. Su “hasta aquí” a Vox, la crítica a este partido y directamente a su líder, el firmante de la moción, han resultado contundentes, demoledores, definitivos. Nosotros no somos como ustedes, porque no queremos ser como ustedes, resumió.

Pablo Casado estuvo brillante en sus parlamentos, pero sobre todo en la réplica final (sin papeles) a Pablo Iglesias. Y, así, ha salido indemne de la encerrona. De la trampa para elefantes.

De esta forma, el balance de la pelea parlamentaria es el fortalecimiento de la figura del líder del PP, primero internamente, en las propias filas de su partido, pero también, y con claridad, hacia fuera, hacia la opinión pública y publicada.

El veredicto de esta última sobre lo ocurrido resulta bastante esclarecedor. En ABC han podido leerse titulares como “Casado gana la moción” y “Casado se consagra como líder del centro derecha”. Algo semejante ocurre en El Mundo, cuyos columnistas han ofrecido resúmenes como los siguientes: “Un discurso histórico”, “Casado deja mudos a Abascal e Iglesias”. Y La Razón concluyó también: “Casado gana la moción de censura de Vox”

Significativas resultan, dada su historia y posiciones informativas e ideológicas, las conclusiones que han podido leerse en El País. La crónica de Xosé Hermida, titulada “El día que Casado dijo basta a Vox”, habla de “un PP que pasa de víctima a protagonista”.

Más relevante parece el artículo de Íñigo Domínguez, afirmando que Casado hizo ayer “su discurso más importante hasta la fecha, después de aquel con el que ganó hace dos años las primarias del PP”.

A lo que habría que añadir, por ejemplo, el análisis de Ignacio Escolar, titulado “Mi aplauso para Pablo Casado”.

Al líder del Partido Popular le queda todavía mucho trecho. En principio, tiene por delante los tres años de legislatura que restan y que Pedro Sánchez quiere cumplir, o eso ha dicho repetidamente.

Parecía que, en la actual situación, con la mayoría parlamentaria que existe, acogotado ante problemáticas difíciles de afrontar desde la oposición, como son la pandemia de coronavirus y la grave crisis económica en marcha, semejaba estar condenado a la insignificancia.

Sin embargo, el pleno del Congreso sobre la moción de censura ha resucitado al líder del PP. Paradójicamente, gracias a Vox. La “moción contra Pablo Casado” se ha convertido en la ocasión para recuperar protagonismo y liderazgo.

Y su principal preocupación, la competencia que le estaba haciendo Santiago Abascal, que incluso amenazaba el liderazgo del PP en la derecha, ahora es mucho menos inquietante. El propio Abascal ha salido muy mermado de una aventura que, como se ha comprobado, le venía demasiado grande.

editor@elconfidencialdigital.com

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