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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Por qué Pablo Iglesias se ha tirado a la piscina

Pablo Iglesias, en el vídeo donde anuncia su candidatura a la Comunidad de Madrid.
photo_camera Pablo Iglesias, en el vídeo donde anuncia su candidatura a la Comunidad de Madrid

Pablo Iglesias se ha tirado a la piscina. Posiblemente sin saber si hay mucha o poca agua, o tal vez ninguna.

El líder de Podemos ha renunciado a la vicepresidencia del Gobierno, para ser candidato en las elecciones de Madrid, agobiado sobre todo por tres factores:

1. La incomodidad con que está viviendo su vicepresidencia. Por lo visto, no hay mucho que hacer. No tiene competencias claras, aunque tampoco él las ha buscado. Y se ha dedicado a ser la mosca incómoda (por no llamarla de otro modo) de Pedro Sánchez. Algo que, parece, ya no le motiva.

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2. La grave amenaza de que Podemos no alcance el 5% de los votos en Madrid y se quede sin representación, en una plaza que para el partido no es Galicia, ni el País Vasco... Escondería hasta una amenaza de desaparición.

3. La posibilidad de que Isa Serra, en principio candidata, sea condenada en los tribunales y con ello inhabilitada políticamente. No era prudente mantenerla.

La decisión de Pablo Iglesias se parece mucho a una salida improvisada, a la desesperada, sin haber atado los mínimos cabos, con demasiados detalles por concretar. O sea, sin haber medido cuánta agua hay en la piscina.

No consultó previamente a Pedro Sánchez, sino que se lo comunicó. Y le dio hechos los próximos cambios en el Gobierno, incluida Yolanda Díaz como vicepresidenta. Se supone que el presidente los cumplirá.

No pidió permiso al socio Izquierda Unida, que quedó al margen de la decisión. Otro papelón de Alberto Garzón, por cierto. Ni ha hablado con otras fuerzas 'amigas'.

No tanteó antes a Íñigo Errejón sobre sus disposiciones de cara a formar esa candidatura unitaria de izquierdas que propugna, suma de Podemos y Más Madrid.

Y ha provocado algunos efectos perversos (al menos si atendemos a su punto de vista). Uno de ellos, que ha facilitado gratis a Isabel Díaz Ayuso y al PP el eslogan electoral, “Comunismo o libertad”, en lugar del inicial “Socialismo o libertad”.

Es un lema que seguramente place en los ámbitos de Podemos, porque siempre han estado orgullosos de su condición ideológica (nunca lo han ocultado), pero que puede “asustar” más aún en los ámbitos de la derecha, y provocar un efecto aglutinador de voto hacia la candidata popular. Algunos sectores de Vox están ya dispuestos a apoyarle, con tal de que no gane Podemos.

Por no insistir en que deja en mal lugar a Ángel Gabilondo, un candidato improvisado a todo correr por el PSOE, un político de izquierdas que ahora tendrá que definir bien sus posiciones.

Otro riesgo que corre es que la operación fracase. El fiasco consistiría en que Isabel Díaz Ayuso revalide la presidencia de la comunidad, lo que dejaría a Pablo Iglesias como simple diputado regional. Quizá con la esperanza de una ‘segunda vuelta’, de que dentro de dos años volverá a haber elecciones, pero también con el desafío de verle comportarse en la Asamblea de Madrid como diputado de a píe, a la vez que como líder de toda la oposición (si le dejan).

Iglesias ha vendido su renuncia como un gesto de responsabilidad, un arranque para frenar el triunfo de la ultraderecha en Madrid, pero detrás ha habido, como digo, la realidad de una incómoda situación personal, consecuencia de un vicepresidente del Gobierno descolocado, desubicado, sin mucho trabajo que hacer. Los que le tratan dicen que está “cansado”, “desmotivado”.

Ha afirmado que deja el Gobierno con las cosas encarriladas, es decir, con Presupuestos aprobados y con una serie de medidas sociales en marcha. Lo que no explica es por qué no se ha quedado precisamente para intervenir, decidir, el reparto de los 150.000 millones que Europa ha prometido a España para la reconstrucción. Es mucho dinero, hay numerosísimos proyectos, pero Pablo Iglesias no estará ahí para canalizarlos.

En el programa Las Cosas Claras, en TVE, he comentado que existen al menos dos personas contentas con la decisión de Pablo Iglesias: Pedro Sánchez y Díaz Ayuso. El primero, porque desaparece de su lado un compañero muy incómodo y pesado (la mosca a la que me he referido más arriba). La presidenta madrileña, porque le acaba de nominar lideresa máxima de la derecha. Con las consecuencias de futuro que tal condición puede suponer a nivel nacional. Y de lo que estará tomando nota Pablo Casado.

Atención. El líder de Podemos, que ha elegido la evocadora fecha del 15-M para su anuncio, ha puesto en juego una de sus principales bazas de los comienzos: la televisión. El anuncio de su decisión lo ha vehiculado en un video. Y ayer mismo, por la noche, ya tenía concertada la primera entrevista en un canal.

Por cierto, que el amigo Echenique no se aclara. Ha publicado tuits acusando a Díaz Ayuso de convocar elecciones en día laborable, el 4 de mayo, martes, para que los obreros no puedan ir a votar. Por lo visto, desconoce que la ley marca que los comicios se celebren a los 54 días de la fecha de disolución de la Asamblea, y que eso lleve precisamente al 4 de mayo, y que no ha sido una conspiración malvada de la presidenta.

editor@elconfidencialdigital.com

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