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Pedro contra Sánchez

Carmen Calvo comparece tras un Consejo de Ministros.
photo_camera Carmen Calvo comparece tras un Consejo de Ministros.

Uno de los errores más graves cometidos por Pedro Sánchez ha sido el nombramiento de Carmen Calvo como vicepresidenta del Gobierno.

No solamente porque ni controla ni coordina a los ministros, que eso es una realidad demostrable, posiblemente porque el cargo le viene demasiado grande para sus capacidades, sino sobre todo porque, habiendo asumido en tantas ocasiones la función de portavoz principal del Gobierno, en ese trabajo ha metido la pata innumerables veces. Quizá también porque tal cometido le sobrepasa igualmente.

Eso explica, entre otras razones, que desde Moncloa y desde Ferraz están planeando un relevo no demasiado cruento, por la vía de enviarle a Bruselas tras encabezar la candidatura del PSOE a las europeas.

Hay que decir, en su descargo, que no pocas veces le ha tocado dar la cara en atolladeros nada sencillos de explicar. Como le acaba de ocurrir cuando ha tenido que comentar lo del “relator”. Se lió tanto, que no se sabe si fue por sus carencias, o porque ese berenjenal resultaba absolutamente incomprensible.

Y fue Carmen Calvo quien, en otro intento imposible de justificar lo injustificable con las actuaciones contradictorias del presidente, distinguió entre Pedro y Sánchez. Es decir, entre el Pedro Sánchez cuando estaba en la oposición y el Pedro Sánchez inquilino de La Moncloa. Como si las posiciones, declaraciones y decisiones del primero no tuvieran nada que ver, no debieran condicionar para nada, al segundo. Como si no hubieran existido, vamos. O fueran de otra persona.

El problema es que tal desdoble paranoico se ha convertido en una sistemática de trabajo, frecuente, habitual, en el presidente del Gobierno. Que hoy dice una cosa y al día siguiente, sin despeinarse, la contraria, en función de cómo soplen los vientos, o más bien de cómo reaccionen su partido y la opinión pública.

Ha ocurrido de nuevo con la extraña figura del “relator”. En un primer momento, se anunció que Pedro había decidido conceder ese punto, uno de los 21 que le planteó Quim Torra. Constituía un firme paso en la línea de asegurarse los votos del independentismo catalán a los Presupuestos, lo que le garantizaría el sillón de La Moncloa hasta terminar la legislatura.

Se armó la tremolina. Las acusaciones de traición menudearon desde los partidos de enfrente, que hasta han aprovechado la coyuntura para montarle el domingo una macro manifestación en la plaza de Colón.

Lo más inquietante, sin embargo, fue la tormenta desatada dentro del PSOE, con buen número de barones prácticamente en rebeldía.

Vista la ciclogénesis explosiva provocada, Sánchez ha anunciado que, del anuncio de Pedro, de “relator”, nada de nada. Proclamando a continuación, con toda solemnidad, que no aceptará “nunca” la autodeterminación de Cataluña y que “fuera de la Constitución no hay diálogo”.

Sánchez, en fin, contradiciendo a Pedro.

Al mismo tiempo hay que decir que el señor presidente del Gobierno (o sus asesores de Moncloa) sigue mostrando una notable habilidad para traducir un error, un fiasco, una metedura de pata, en un aparente triunfo. Eso que suelen predicar en las escuelas de negocios: convertir un problema en una oportunidad.

Lo ha vuelto a hacer ahora, poniéndose estupendo respecto al independentismo tras verse atrapado con lo del relator.

Ha repetido el sistema de Pedro contra Sánchez y de Sánchez contra Pedro. Y no pasa nada. Al menos por el momento.

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En Twitter @JoseApezarena

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