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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Pedro Sánchez-Pablo Iglesias, dos hombres y un destino

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en la Carrera de San Jerónimo.
photo_camera Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en la Carrera de San Jerónimo.

En el mejor momento de sus carreras como actores, Paul Newman y Robert Redford protagonizaron juntos dos inolvidables películas, y con el mismo director: “Dos hombres y un destino”, en 1969,  y “El golpe”, en 1973.

La primera, que consiguió cuatro Oscar en 1970, se guarda desde 2003 en el National Film Registry de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos, al ser considerada "cultural, histórica o estéticamente significativa".

“Dos hombres y un destino” cuenta la historia real de dos famosos asaltantes de banco estadounidenses de Wyoming, Butch Cassidy y The Sundance Kid, que capitanean una banda que tiene una característica: no matan a sus víctimas.

Butch es quien organiza, mientras que Sundance es el hombre de acción. Sin embargo, el Oeste comienza a civilizarse y, cuando asaltan un tren, se encuentran con un pelotón de hombres que comienzan a perseguirlos. Huyen a través de montes rocosos, ríos, poblados, pero siempre tienen tras de sí a sus perseguidores.

Omito contar cómo termina la película, para no fastidiar a quien todavía tenga pendiente verla, o a quien ahora le haya surgido la curiosidad. La verdad es que se trata de una cinta que vale la pena ver, incluso más de una vez. El papel que desempeñan los dos actores es sensacional.

Traigo a colación el filme a propósito de dos conocidos protagonistas de la vida nacional: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. No, por supuesto, relacionándolos con asaltos a bancos, sino con el título de la película: “Dos hombres y un destino”.

Porque el presidente del Gobierno y su vicepresidente segundo, o lo que es lo mismo, el líder del PSOE y el líder de Podemos, tienen sus destinos ligados de una forma mucho más intensa de lo que podría parecer a simple vista.

Uno depende del otro y a la inversa. Su destino inmediato está ligado a la cercanía y compañía mutua, de forma que uno no puede subsistir, políticamente hablando, sin el otro.

Si rompen la alianza de sangre que les llevó al Gobierno, posiblemente ninguno de los dos podrá continuar en el poder. Y eso les ata con lazos de hierro, lo quieran o no.

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Hay quien afirma que, a pesar de algunos aparatosos abrazos en público, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias en realidad se odian cordialmente. Dicen que no se tragan, que se repelen en lo personal. No lo sé.

Lo que sí está claro es que se trata de dos personajes con enormes paralelismos. Ambos son tremendamente ambiciosos, dueños de un considerable ego, dispuestos a casi todo para lograr sus objetivos personales y políticos, y han demostrado con hechos hasta dónde pueden llegar.

Pedro Sánchez se encuentra enormemente incómodo con Iglesias, por sus intentos de segarle la hierba bajo los pies, apuntándose en primera persona, en solitario, logros que deberían ser del conjunto del Gobierno, como ahora el ingreso mínimo vital. La convivencia está resultando muy difícil.

El líder de Podemos está construyendo poco a poco, desde el Gobierno, su propia plataforma electoral, con la que, a no tardar mucho, pueda desbancar, y aun destruir, al partido socialista, haciéndose con su electorado.

A su vez, Podemos no acaba de sentirse cómodo con algunas decisiones del Gobierno, sobre todo en materia social, económica y laboral. Y Pablo Iglesias se vio personalmente desautorizado cuando desde Ferraz (en realidad, desde Moncloa) negaron que hubieran acordado con Bildu la eliminación de la reforma laboral del PP. Se sintió humillado.

Pero, hoy por hoy, ambos se necesitan. Dadas las actuales mayorías, un divorcio político conduciría a la convocatoria obligada de elecciones, con un resultado muy incierto para los dos, incluido el riesgo cierto de perder el Gobierno.

Por eso, Pedro y Pablo siguen encadenados a un mismo destino. Aunque no desvele el final de la película citada, sí pueden anticipar que ambos sufrieron el mismo mismísimo destino.

Y, volviendo de nuevo a la pareja Paul Newman-Robert Redford, no sé si, en otra ocasión habrá que comentar también su segundo filme juntos: “El golpe”. Buen título, la verdad. Muy sugerente.

Es una película igualmente magistral, que a lo mejor tiene también algunas enseñanzas o moralejas si se aplica a la política española de este momento. Veremos. Pero, mientras, también recomiendo que se vea. Incluso por segunda o tercera vez.

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