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El peor momento de Mariano Rajoy

Pienso que Mariano Rajoy atraviesa en este momento las peores horas de su hoy ya larga permanencia en La Moncloa.

Cierto es que, en estos casi cuatro años, ha vivido momentos altamente delicados. Para empezar, esos primeros meses en que España se vio al borde del precipicio de una intervención. Y ha soportado graves polémicas que han afectado al Gobierno y a sus ministros, como ocurrió con Ana Mato y su cese en Sanidad. Incluso se ha visto en el trance de digerir una abrupta dimisión, protagonizada por Alberto Ruiz Gallardón.

¿Por qué ahora la situación es distinta, hasta el punto de afirmar que se encuentra en su peor momento? No solo porque el PP haya recibido dos espléndidos bofetones electorales, en las europeas primero y ahora en las autonómicas y locales, que constituyen, por supuesto, dos sonoros fracasos.

No solo por la dolorosa previsión de que, como resultado, va a perder el mando en una buena colección de ayuntamientos y comunidades.

Lo llamativo y más demoledor del momento actual es que en su propio partido le han perdido el respeto. Como suena. Eso es algo que no había ocurrido hasta ahora.

Sin pedirle permiso, sin contar con él, barones regionales se han despendolado en declaraciones anunciando renuncias y fugas. Y en apuntar, no tan veladamente, la opción de un cambio de liderazgo en el PP, o sea: empujando a Mariano Rajoy a una rápida jubilación antes de las generales de final de año, en las que ya no sería el cabeza de lista.

Incluso un tranquilo y pacífico Juan Vicente Herrera, presuntamente amigo suyo de muchos años, se ha atrevido ha espetarle que se mire al espejo para ver si es el candidato que hoy necesita el partido.

Ocurre, en fin, que las aguas del partido se han visto sacudidas, en estas difíciles jornadas, por una ‘tormenta sucesoria’. Por eso digo lo de la peor coyuntura del ‘jefe’ del PP.

Y sin embargo, en ese escenario de peticiones de relevo, Mariano Rajoy tiene suerte. Porque los principales postulantes para un relevo han salidos muy perjudicados en los comicios del 24 de mayo. Y eso les resta empuje y posibilidades. Al menos en el muy corto plazo.

Es el caso de una Esperanza Aguirre derrotada en Madrid, de una Dolores de Cospedal que no ha ganado en Castilla-La Mancha, y hasta del outsider Feijóo, que se sentía tranquilo porque él no se sometía al examen de unas autonómicas pero que ha visto cómo el PP gallego ha sufrido descalabros en Coruña, Vigo, Santiago… y eso hay que ponerlo en su debe.

Incólume parecía haber salido la ‘tercera vía’ en esto de los relevos, personificada en Soraya Sáenz de Santamaría, agazapada en La Moncloa por lo mismo que no era candidata en ningún sitio. Pero dentro del propio PP han surgido fuertes voces críticas contra la vicepresidenta, a la que acusan de haber querido quitarse cualquier responsabilidad en la derrota, siendo así que ella ha sido y es la voz y la imagen del Gobierno, de ese Gobierno ‘culpable’ del desastre electoral. Y también por haberse escondido en los días posteriores al debacle.

Dicho todo lo cual, hay que añadir que Rajoy es lo que ahora se llama “un diesel”. O sea un corredor de fondo. Con conchas y costurones de viejo político corneado en mil plazas. De quien, por tanto, no hay que esperar una retirada. Va a resistir, va a continuar, y está dispuesto a encabezar otra vez las listas de su partido en las generales.

Afronta unos meses cruciales, en los que, esta vez sí, tendrá que demostrar si es capaz de coger por los cuernos el toro que pretende cornearle y mandarlo a la enfermería, tomando para ello medidas y resoluciones, y aplicando cambios, para dar la vuelta a la tortilla en el abrasado panorama que padece su partido.

Esta vez no puede cruzarse de brazos y no hacer nada. También para recuperar el respeto perdido. Si ya no por aprecio, al menos por miedo.

[email protected]

Twitter: @JoseApezarena

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