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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Pilar Alegría y su cara de pena

photo_camera Pilar Alegría ,en su primera rueda de prensa como portavoz del PSOE

La cara parecía un poema. Me refiero al rostro de Pilar Alegría el primer día que compareció en rueda de prensa como nueva portavoz del PSOE.

Ha tenido que ser un trago amargo, estrenarse en ese cometido, tan delicado, precisamente al día siguiente de que se conociera que el Tribunal Supremo había confirmado la condena de José Antonio Griñán a seis años de cárcel, y de Manuel Chaves a nueve años de inhabilitación, por delitos de malversación y prevaricación en la gestión de los ERE de Andalucía.

Un mal estreno, sin duda.

Ocurre que ambos personajes, imputados por corrupción y ahora condenados, aparte de ministros, han sido, nada menos, presidentes del PSOE andaluz y del PSOE nacional. Los dos.

Como digo, su rostro era un poema. Ni alegrías, ni sonrisas, en una persona a la que se le da bien la sonrisa; más bien un rictus amargo.

Tuvo que esforzarse en defender la “integridad y honestidad” de dos personajes que acaban de verse condenados por el Supremo. Difícil. Expresó su convencimiento de que ninguno de los dos obtuvo "ni un sólo céntimo de euro" con la gestión fraudulenta de los EREs.

“Este partido -proclamó Pilar Alegría- defiende la honestidad y la honorabilidad tanto del señor Griñán como del señor Chaves”. Y se refugió en una frase hecha, difícilmente explicable en este caso: “Pagan justos por pecadores”.

Resultó más que evidente que la portavoz echaba mano del argumentario. Es decir, repetía el borrador, redactado desde el Gobierno y el partido, para ser lanzado como intento de respuesta al atolladero de los ERE.

Esa cara de Pilar Alegría, seria, circunspecta, incluso triste, se volvió a ver, la misma en la persona del líder, del presidente del Gobierno y secretario general, cuando, igualmente, tuvo que decir algo sobre las condenas a Griñán y Chaves.

 

Pedro Sánchez llevaba escrita la respuesta, para no resbalar en asunto tan delicado. Y se dedicó a leerla. Empezó por el lugar común del "respeto a las decisiones judiciales", para a continuación destacar que los dos expresidentes andaluces abandonaron el PSOE hace más de cinco años. Y, finalmente, la traca: descartar que sean unos políticos corruptos.

Si malversar 680 millones de euros procedentes de los fondos públicos, dinero que tenía que destinarse a pagar a trabajadores en situación de regulación de empleo, en una red que repartía dinero a amigos, afiliados del PSOE y sindicalistas de UGT, no es corrupción, y sus responsables no son corruptos… ​

El Partido Socialista no debería insistir demasiado en defender la honestidad y honorabilidad de sus dos ex presidentes, porque su imagen institucional puede quedar contaminada.

Los líderes del PSOE, sus terminales mediáticas, insisten en que los dos condenados, Griñán y Chaves (la pareja empieza a ser como Sansón y Dalila, Pili y Mili, o más bien Bonnie and Clyde) no se han llevado un euro a su bolsillo. Como si eso justificase su comportamiento.

Tal dato no confiere condición de honradez a ninguno de los dos. Han sido condenados por corrupción y malversación, y por tanto el adjetivo que les corresponde es el de corruptos. Y nada más. Y nada menos.

Un razonamiento semejante permitiría, por poner un ejemplo extremo, exonerar a quienes montaron el Gal (y, por supuesto, a la X del Gal) porque ellos no se llevaron dinero al bolsillo.

El argumentario, repetido por los portavoces socialistas, y desde luego por Pedro Sánchez, afirma que “Están pagando justos por pecadores”.

Se supone que los justos son Griñán y Chaves. Entonces, ¿quiénes son los “pecadores”? Resultaría muy interesante que concretaran. Que dieran nombres.

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