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Podemos, como un azucarillo

Pablo Iglesias e Íñigo Errejón.
photo_camera Pablo Iglesias e Íñigo Errejón.

Podemos se está disolviendo. Como un azucarillo. Pierde cohesión, apoyos, ideas y liderazgo. Y, sobre todo y más importante: pierde votos.

El partido nació en una coyuntura precisa y concreta, con una España cabreada y movilizada, pero que ahora ya no lo está. Ni lo uno ni lo otro. Y con unos líderes nuevos, jóvenes, que ahora se han hecho viejos y, peor aún, que hablan un lenguaje que pocos entienden. No comunican, no sintonizan, no llegan.

Incomprensible ha resultado que su principal figura, el líder carismático, el fundador por antonomasia (el único que queda del grupo primero), haya incurrido en una tremenda incoherencia moral, con la compra del casoplón en Galapagar.

Alguno podría pensar que ese dato, el chalet de nuevo rico, tampoco es para tanto. Es para tanto, en la medida en que, quienes se presentaron como “políticos nuevos”, han acabado decepcionando al convertirse en personajes como los de siempre. Y las esperanzas defraudas se cobran muy caro.

“En los últimos años nos ha faltado ser un poco más permeables, escuchar un poco más, regañar un poco menos, abrirse un poco más, y cerrarse un poco menos”. Es el tremendo reproche que realiza el “otro” gran líder de Podemos, el fugado Íñigo Errejón, entrevistado ayer en El País.

Demoledor resumen. Impermeables por creerse poseedores de una verdad absoluta, que condenaba a todas las demás, y por tanto ni les tomaban en consideración. Sordos, porque no han querido escuchar las muchas señales que estaban llegándoles desde hace ya tiempo. Y metebroncas, malencarados, regañadores.

En Podemos se han hartado de calificar, mejor dicho descalificar, a unos y otros, por arriba y por abajo, por la derecha y por la izquierda. A la “casta”, a la que han acabado perteneciendo. A los empresarios, que son los que crean riqueza y puestos de trabajo. A los tribunales, a los jueces, a los parlamentarios, a los periodistas…

Han insultado, faltándoles al respeto, a instituciones como el Congreso de los Diputados, dando espectáculos de taberna, de teatro malo de arrabal o de verbena de tercera.

Les ha faltado, en fin, seriedad, capacitación, deseos de trabajar y voluntad de negociar, y ha sobrado postureo, imposición, desfachatez e improvisación. Pero más aún respeto hacia todos aquellos que un día pusieron sus esperanzas en una nueva formación que iba a cambiar la forma de hacer política en este país, que iba a cambiar el país.

No es de extrañar que se esté diluyendo. Como un azucarillo.

Tantas veces he escuchado, hablando de partidos nuevos, eso de que “ha venido para quedarse”. No estoy seguro de que algo así vaya a ocurrir con Podemos. No estoy seguro de que “se quede”.

Por cierto, y aunque sea dar un salto. Se está diciendo lo mismo de Vox: que ha venido “para quedarse”. Solo se me ocurre comentar: ya lo veremos.

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En Twitter @JoseApezarena

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