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José Apezarena
José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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No hay que preocuparse, Pedro Sánchez lo tiene todo previsto (supongo)

Pedro Sánchez, en el debate de investidura del 22 de julio.
photo_camera Pedro Sánchez, en el debate de investidura del 22 de julio.

Son muchos los analistas políticos que estos días se declaran desconcertados con la estrategia seguida por Pedro Sánchez en la investidura.

Es que nunca había ocurrido que el candidato se presentara ante la Cámara sin tener atados los votos necesarios para verse nombrado presidente del Gobierno. Esta ha sido la primera vez. Con el agravante que se ha pasado casi tres meses sin intentar de verdad un pacto. Mareando la perdiz y entreteniendo al personal.

Y, finalizado el tramo inicial del proceso de investidura, Sánchez ha salido del hemiciclo habiendo ganado un solo voto más, el de los cántabros. Modesta cosecha parece.

En principio, lo ocurrido hasta ahora no dice demasiado en favor del candidato, que no ha sabido, no ha querido o no ha podido, aglutinar los apoyos necesarios.

La votación de ayer es el resultado, bastante previsible, de la táctica negociadora (más bien no negociadora) del presidente en funciones, y de su apuesta, a la vez, por dos opciones muy distintas y hasta enfrentadas: demandar a Podemos el voto, pero también pedir a PP y Ciudadanos la abstención.

Para más desconcierto de analistas, y, por supuesto, de Pablo Iglesias y adláteres, los llamados "socios preferentes", sus últimas palabras ayer, al cerrar el Pleno, volvieron a ser apostar por las dos opciones.

¿Qué está ocurriendo? Que Pedro Sánchez se ha propuesto conseguir una investidura al menor precio posible. Dando a cambio muy poco, y, a ser posible, nada.

Y ha ocurrido lo que ha ocurrido: que le han negado la investidura en la primera votación. Veremos qué sucede el jueves.

Pienso que nada de lo acaecido estos dos días ha tomado por sorpresa a Pedro Sánchez. Creo que los movimientos realizados y sus consecuencias estaban calculados y previstos. Como afinado jugador de póquer, ha manejado sus bazas hasta el final, apurando las manos, convencido de que el jueves será investido presidente.

Pero es que, si el jueves no se produjera la investidura (que creo que sí saldrá adelante), tiene, igual que en los concursos, un comodín: el segundo intento en septiembre.

¿Se presentará Pedro Sánchez a la investidura en esa nueva convocatoria, la de los malos estudiantes, la de septiembre? Tengo la convicción de que sí, por supuesto.

Cierto es que anunció solemnemente que solo había una oportunidad, esta de julio, y que, si fracasaba, retiraría su candidatura. Pero fue para meter presión al resto, no porque lo vaya a cumplir.

Efectivamente lo dijo, pero no hay creerle. Sánchez ha dado muestras más que suficientes de que lo que promete, anuncia o sostiene, no tiene por qué coincidir con lo que finalmente hace.

Esta investidura ofrece un ejemplo paradigmático de tal volubilidad. Porque primero sostuvo que no aceptaría más que un Gobierno monocolor, luego sacó lo de los gobiernos de "colaboración" y de "cooperación", más tarde aceptó que hubiera ministros designados por Podemos pero no militantes de Podemos, y al final ha asumido que los morados formarán parte de "su" Ejecutivo: tendrán algún ministerio, y hasta una vicepresidencia, más o menos decorativa.

El desconcierto por la táctica negociadora, junto con este primer fracaso, parece que podrían lastrar la imagen de Pedro Sánchez. Y provocar consecuencias negativas en la opinión pública.

Pero, si sigue en La Moncloa, tiene cuatro años para enderezarlo. Y eso lo saben bien sus colaboradores, los cerebros y estrategas que están detrás de la ejecutoria del candidato. Lo tienen todo pensado. Supongo.

Bueno, sería lo lógico.

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En Twitter @JoseApezarena

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