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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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¿Qué hacen los curas?

Sacerdote con guantes por el coronavirus
photo_camera Sacerdote con guantes por el coronavirus

Me escribe un sacerdote, que también es médico, para contarme que, junto con otro compañero, lleva dos semanas encerrado, viviendo, en la clínica donde atiende a enfermos del Covid-19.

“También nosotros estamos ahí –me cuenta-, como tantos y tantas, formando un mismo equipo. Son personas las que sufren y las que mueren, y los sacerdotes sabemos de sufrimiento y de muerte tanto como los médicos, de gran ayuda especialísimamente entre las personas creyentes, que no son pocas”.

“Y aunque -como el resto- debidamente protegidos frente a la infección, también nosotros nos podemos contagiar con consecuencias trágicas, como ha sucedido a otros curas en España, pero sobre todo en Italia. Creo que estas acciones también merecen algún reconocimiento”.

Apunta que, junto al personal sanitario, fuerzas de orden y seguridad, transporte, farmacias... que estos días se citan como “héroes” (añado yo que lo son), se podría mencionar también a los curas, voluntariamente desplegados en hospitales, clínicas y asilos, atendiendo espiritualmente a quienes lo necesitan (y, vuelvo a añadir, son muchos los que lo necesitan), y que por tanto ponen igualmente su vida en peligro. A lo mejor –sugiere- designándoles junto a los demás como “agentes religiosos y sociales”.

Y ¿qué hacen los curas? Acompañar, atender, escuchar, ayudar, estar al lado. Y en tantas ocasiones, supliendo la ausencia de personas queridas, de esposas, hermanos, hijos… que no tienen posibilidad de prestar la última compañía. Ayudan así a paliar la dureza de una muerte en soledad.

Entre otros mucho lugares, varios sacerdotes, en algún caso también médicos, se encuentran desplazados en los pabellones de IFEMA a disposición de quienes lo necesiten. Acuden cuando se les llama. Quieren que se sepa que están allí, y por eso han facilitado una dirección mail, [email protected], y un número de teléfono, 689124508, con el añadido de que, junto al aviso, se indique nombre, apellido, pabellón, sección y cama.

Escuché a uno de ellos relatar las escenas que están viviendo. Personas que piden confesiones, unciones, o solamente poder hablar con un capellán nada más. Son la única compañía que van a tener. Contaba también que uno de los enfermos que pidió asistencia era una religiosa, internada allí, que casi se echa a llorar al saber que le podía atender un sacerdote.

Algunos de esos sacerdotes que asisten a contagiados de coronavirus han acabado contrayendo la enfermedad y muriendo.

En lo que llevamos de pandemia por coronavirus, un total de ochenta sacerdotes de la archidiócesis de Madrid han dado positivo en COVID-19. Siete han fallecido en el hospital diagnosticados por coronavirus y otros 16 han muerto durante el estado de alarma, desconociéndose si la causa final fue el virus, ya que no les realizaron ningún test para dilucidarlo.

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Por citar un caso, conocí personalmente a don José Ruiz, capellán en el Hospital de Cuidados Laguna, de Madrid, que el 31 de marzo falleció por coronavirus después de acompañar la soledad de personas que habían contraído la enfermedad. Su historia puede resumirse diciendo que durante años trabajó junto a enfermos en la unidad de cuidados paliativos, a los que ayudó, con enorme cariño y dedicación, a dar con paz el último paso. Y, en tanto casos, reconciliados con Dios.

Como apenas se habla de estos otros “héroes” de la pandemia del coronavirus, los capellanes hospitalarios y los sacerdotes voluntarios, que se han presentado en tantos lugares donde se atiende a los enfermos, al menos aquí queda constancia.

Por cierto, igualmente se cita muy poco la enorme tarea que, en estas circunstancias tan difíciles para todos, realiza la Iglesia como tal en su conjunto.

La Iglesia sigue siendo una gran desconocida. Primero, porque comunica mal; y segundo, porque hay quienes no quieren verlo y lo ocultan siempre que pueden.

Es que, como decía un bromista amigo mío, no hay peor ciego que el que no quiere ver.

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