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Que no nos “eutanasien”

Acompañar al enfermo
photo_camera Acompañar al enfermo

La batalla de la eutanasia se ha colado, como de rondón, en la campaña electoral, hasta centrar, durante varios días, portadas y declaraciones.

Por lo que han contado los protagonistas y promotores, se trata de un hecho que llevaba preparándose largo tiempo. No es de ahora mismo.

Y se articuló de forma cuidadosa, contando con asesores y consejeros, hasta llegar al detalle de que previamente se grabara, con imágenes claras y sonidos nítidos, la conversación entre la enferma y su marido, con preguntas expresas y respuestas contundentes. El cuestionario estuvo bien seleccionado, sin duda.

Si se trata de una iniciativa tan largo tiempo diseñada y articulada, el hecho de que haya capitalizado el ajetreo y las emociones de una campaña electoral tan reñida, no sé si ha sido solo una coincidencia. Porque, sin duda, algunas formaciones políticas se han visto beneficiadas por la polémica, y otras, en cambio, se han sentido incómodas y descolocadas.

Pero, dejando al margen esos detalles, la realidad es que la eutanasia constituye una cuestión mayor. De enorme impacto social.

No se trata, por cierto, de un asunto “religioso”, aunque haya también posicionamientos y argumentos desde ese línea. Nos encontramos ante un desafío cívico y social. Que no es menor, ni indiferente, porque detrás se esconden fuertes consecuencias para las personas, las colectividades, y aun los países.  

Uno de los enfoques que se han escuchado estos días es que la eutanasia, es decir, que haya que provocar activamente la muerte de un ser humano, constituye un gran “fracaso social”. Sin duda, lo es. Y lo mismo el hecho terrible de que existan personas que se lo hayan planteado.

A estas alturas de la ciencia y de la medicina, existen medios suficientes para garantizar que alguien que se acerca al final de su vida no va a sufrir innecesariamente. La especialidad de cuidados paliativos está muy desarrollada y acreditada, con profesionales cualificados. Y lo mismo ocurre con las unidades de dolor que existen en tantos centros clínicos.

Por citar solo Madrid, en la capital existen centros especializados, con todas las capacidades, que llevan años trabajando de forma eficaz. Conozco personalmente uno, el Hospital de Cuidados Paliativos Laguna, pero hay otros igualmente fiables.

La eutanasia, dada su trascendencia, merece una consideración detenida y una reflexión de fondo. Me desazona, por eso, que la conmoción por el final de María José facilitado por su propio marido, que han visto todos los españoles a través del vídeo que grabó, provoque urgencias que puedan conducir a una legislación precipitada.

Más aún me inquietaría que, como premisa, para algunos fuera la excusa que les permita ventilar por la vía rápida a personas cercanas como si se tratara de muebles viejos e inservibles.

Lo mismo ocurre si escondiera el motivo oculto, esta vez desde los ámbitos políticos, de arbitrar una solución menos costosa desde el punto de vista económico. Porque es evidente que la atención a personas de edad avanzada representa una notable carga para los presupuestos de cualquier Gobierno.

En el caso de plantearse alguna nueva regulación sobre el final de la vida, reclamaría, por ejemplo, que se tomaran las máximas garantías para que nadie, particular o público, intente por esa vía, quitarse de encima un problema, un estorbo.

Por ejemplo, debería prever que las personas en situación de debilidad reciban apoyos médicos, psicológicos y afectivos adecuados, como para que no se vean en la tesitura de pedir que acaben con ellos porque no quieran ser gravosos para otros seres queridos, por “liberarles” de una “carga”.

La sociedad, en fin, debe, y puede, articular soluciones para que esa carga no exista, sin recurrir a la eutanasia activa.

Sin olvidar, por cierto, el riesgo de que alguien en situación de precariedad sea “convencido”, “ayudado” a reclamar lo que en realidad no desearía.

Como se ve, existen muchas cuestiones a considerar con detenimiento: hablamos de vidas humanas.

Algunos países de nuestro entorno han implantado legislaciones “avanzadas” en materia de eutanasia. Son esos mismos en los que, como ocurre por ejemplo en Holanda, ante una legislación “proactiva” y sin garantías, muchas personas mayores se van a vivir a naciones cercanas, por ejemplo, Francia, para que no los “eutanasien”.

[email protected]

En Twitter @JoseApezarena

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