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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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El coronavirus nos está ganando

Militares con equipos de protección NBQ.
photo_camera Militares con equipos de protección NBQ.

Si hace unos meses me hubieran dicho que iba a quedar totalmente confinado en mi casa, sin salir a la calle para nada, sin poder ir a trabajar, no lo habría creído de ninguna manera.

Y menos aún habría aceptado que tal situación se daría para la totalidad de los españoles, para todos los habitantes de este país. Y aún menos que tendría una duración de meses. Lo habría considerado una locura imposible.

Si me hubieran anunciado que nos íbamos a quedar sin fines de semana en el campo, sin las Fallas de Valencia, sin las procesiones de Semana Santa, sin teatro, sin cine, sin bares, ¡sin la Liga de futbol!...

Y si entonces me dijeran que cientos de afectados fallecerían porque no había UCIs suficientes, ni respiradores para todos, y que se dejaría sin atender a las personas mayores solo por el hecho de serlo, y que tantos ciudadanos iban a morir en soledad, sin nadie de la familia a su lado, y que serían apilados en morgues improvisadas y enterrados a solas…

A quien me lo hubiera anunciado, le habría calificado de loco de atar. Tan irreal, tan imposible, habría considerado semejantes escenarios.

Pero, en el caso de que me hubieran convencido, y hubiera aceptado tales hipótesis, asumiendo que el origen estaba en una terrible pandemia, un nuevo virus de actividad inusitada, si entonces me hubieran añadido que mes y medio después la situación no ofrecería una salida clara, que no se sabría cuándo podía terminar, entonces sí que habría descalificado definitivamente al susodicho profeta de desgracias.

Es que no lo entiendo. Lo confieso, no entiendo.

No entiendo que aún no exista una previsión fiable sobre cuándo saldremos del confinamiento y desaparecerá la amenaza de verse contaminado. ¿Tres meses, seis meses?

No entiendo que, con mes y medio en situación de epidemia declarada, aún no tengamos las ayudas elementales para evitar el contagio. Que no existan mascarillas suficientes, ni guantes, ni gel desinfectante… Ni siquiera para proteger a todo el personal sanitario. Pero menos aún para la generalidad de los españoles. Mes y medio después. ¿Tan imposible resulta?

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No entiendo que todavía no contemos con test de la enfermedad, fiables primeramente, y después en número suficiente como para que lo pasen la totalidad de los ciudadanos del país. ¿Tan imposible es?

No entiendo que, a estas alturas, aún no se sepa quién está o no enfermo, quién ha desarrollado defensas y quién no, y por tanto quiénes siguen estando en riesgo.

No entiendo que aún no exista un medicamento que combata definitivamente el coronavirus.

Sobre la vacuna, aquí me mostraré más prudente, porque entiendo que se trata de un proceso mucho más complicado.

No comprendo que, dos meses después, sigan muriendo cada día medio centenar de personas como poco (llevamos ya veinte mil muertos, según cifras oficiales), y que todos los días, a pesar del confinamiento, se contagien cinco mil ciudadanos más.

Que no, que no lo entiendo. El coronavirus nos está ganando. Al menos hasta ahora.

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