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Y resulta que Pedro Sánchez se va de vacaciones

Pedro Sánchez, en la presentación de su libro Manual de Resistencia
photo_camera Pedro Sánchez, en la presentación de su libro Manual de Resistencia

Pedro Sánchez se va de vacaciones. Ha decidido tomarse tres semanas de descanso, una vez certificada la defunción de la investidura.

Cuentan en La Moncloa que el presidente en funciones ha decidido cortar absolutamente, desconectar del todo, olvidarse del despacho y del día a día, para dedicarse solamente al solaz, al como dicen los italianos, dolce fa niente, a no hacer nada. Nada es nada, lo mismo que en su día no era no.

Yo soy partidario de que los políticos, y sobre todos aquellos que se ocupan de gestionar los grandes asuntos, por ejemplo en el gobierno de la nación, se tomen vacaciones. Lo he dejado escrito en muchas ocasiones anteriormente.

Me parece que el descanso y la recuperación son, en esos casos, tanto más necesarios cuanto que tienen en sus manos asuntos de enorme importancia para el país, para todos nosotros. O sea, que, por así decirlo, nos interesa que se pongan en forma para que acierten mejor en sus cometidos.

Pero en el caso concreto, hoy, ahora, de Pedro Sánchez, me escandaliza no poco que se marche tras semanas, que corte absolutamente durante tanto tiempo, cuando resulta que sigue pendiente de resolver la situación de parálisis política que padece este país.

Más aún cuando, por lo visto, tiene intención de volver a intentar la investidura, en el mes de septiembre, antes de ese día 23 en que se cumple el plazo para lograrlo o las elecciones resultarán inevitables.

¿Y se marcha? ¿Corta con todo, durante un tiempo precioso?

¿Es que va a volver a repetir lo ocurrido con el fallido intento de ser ratificado como presidente?

Ya he comentado que Pedro Sánchez no se trabajó de verdad la investidura. No hizo nada seriamente por conseguirlo. No negoció, no pactó… creyendo que le regalarían los votos gratis.

Y, cuando se dio cuenta de que no ocurriría así, lo intentó a última hora, con prisas y agobios. Pero estos asuntos no son de improvisar, de rematarlos a toda velocidad. Requieren tiempo. El que ya no les quedaba.

¿Y va a hacer lo mismo esta segunda vez?

Pues parece que sí. Lo que se trasluce desde los ámbitos de La Moncloa es que la intención es repetir el sistema: hacerlo en los últimos minutos. Según sus teorías, dedicar mucho tiempo desgasta demasiado.

Pero, si les salió mal en julio, ¿creen que triunfarán en septiembre?

No resulta sencillo entender los circunloquios mentales del presidente en funciones. O los de esos cerebros del marketing y el manejo político que tiene a su lado.

Que, por cierto, tampoco creo que lo hayan hecho tan bien, ¿no? No parecen tan genios.

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En Twitter @JoseApezarena

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