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Que el rey vuelva a su sitio

En julio de 2015, la alcaldesa de Barcelona retiró sin más, por sorpresa, el busto del Juan Carlos I que desde 1976 presidía el salón de plenos del ayuntamiento tras haber sustituido a la efigie de Franco.

Ada Colau argumentó que don Juan Carlos ya no era el jefe del Estado (había abdicado el año anterior) y por tanto su presencia constituía una "anomalía". Pero no se comprometió a colocar en su lugar la imagen del nuevo monarca, Felipe VI. Ni lo hizo.

Desde la alcaldía se justificó la retirada en la necesidad -dijeron- de evidenciar las "profundas convicciones republicanas" del ayuntamiento. Más aún. Anunciaron su intención de seguir "corrigiendo la sobrerrepresentación" en el Consistorio y en las calles de Barcelona de una institución "con privilegios y opacidades que no se corresponden con un régimen representativo del siglo XXI".

Un Real Decreto de 1986 establece que todos los ayuntamientos deben colocar una "efigie" del rey "en un lugar preferente del salón de sesiones". El ayuntamiento de Barcelona dijo entonces que "estudiaría" cómo cumplir esa obligación. Hasta hoy.

La Delegación del Gobierno requirió entonces la colocación de la efigie de Felipe VI, y ahora el juzgado contencioso administrativo número 3 de Barcelona acaba de establecer la obligación del ayuntamiento de ubicar el retrato "en un lugar preferente y de honor de su salón de plenos".

En esa línea de gestos populistas, Ada Colau no recibió a Felipe VI cuando acudió al Mobile World Congress. Pero sí estuvo presente en la cena oficial (donde, por cierto, aplaudió el discurso del rey) y en el acto público de inauguración.

Pero antes de la cena, en el cóctel previo, cuando no había cámaras delante y por tanto sin periodistas, la alcaldesa buscó de forma insistente la ocasión de acercarse y conversar con el monarca.

Un “movimiento calculado”, según algunos de los presentes. “Le faltó tiempo para ir a saludar al rey, hasta se hizo hueco entre la gente", comentaron. Algo que dirigentes independentistas calificaron como una "actitud de pleitesía".

En los ámbitos políticos catalanes se ha instalado la expresión “Hacer un Ada Colau”, para describir los erráticos comportamientos de la alcaldesa, en los que, por un lado, lanza un mensaje rotundo y comprometido, y por otro lo desmiente con su actuación.

Los independentistas ponen como ejemplo lo ocurrido en torno al referéndum del 1-O. Anunció que facilitaría la consulta “sin comprometer al Ayuntamiento” y que ella votaría. Sin embargo, para evitar verse inhabilitada, se limitó a dejar abiertas las sedes municipales, y ella finalmente votó en blanco.

El retrato del rey volverá a presidir el salón de plenos del Ayuntamiento de Barcelona, si Colau no quiere incurrir en desobediencia al juzgado. Y habrá que ver si lo organiza con el despliegue de fotógrafos y cámaras de televisión que fueron convocados cuando retiró el busto de don Juan Carlos. Me malicio que no.

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En Twitter @JoseApezarena

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