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Rosa María Mateo, lenguaraz e irrespetuosa

Rosa María Mateo
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Rosa María Mateo, administradora provisional única de RTVE nombrada por el Gobierno Sánchez, la armó buena el martes, en el Congreso, durante su comparecencia ante la comisión mixta de control parlamentario para responder, por segunda vez, de su labor al frente de la corporación.

Ramón Moreno, portavoz del PP, se refirió al hijo de Mateo, que realizó traducciones para numerosos programas de la cadena pública, y la administradora, además de aplaudir con sorna sus palabras, le respondió calificándole de "mezquino” y “miserable".

Moreno explicó que la mención al hijo de Mateo se debía a la posibilidad de "un conflicto de intereses familiares", por figurar como administrador de la sociedad mercantil de su madre, y ser ella a su vez administradora provisional única de RTVE.

No quedó la cosa ahí. Rosa María Mateo puso en solfa el papel de la comisión mixta de control, formada por diputados y senadores: "Estas comparecencias son un teatrillo”, afirmó. “Ya sé que tiran contra el PSOE, pero este teatrillo es muy desagradable, que afronto porque la democracia lo merece".

Mateo tuvo que responder de su sociedad patrimonial, creada en 1993, que podría haber servido como instrumento para eludir el pago de impuestos, algo que negó. Explicó que el principal objeto social era el "arrendamiento de inmuebles", añadiendo que más de nueve millones de personas en España son accionistas de alguna sociedad.

Pero no es la primera vez que la administradora provisional de RTVE protagoniza un desplante sonoro en sede parlamentaria.

El 25 de septiembre compareció por vez primera en el Congreso, para explicar la profunda remodelación que había aplicado desde su reciente nombramiento, en verano. Admitió que, en tan escaso tiempo, había realizado 25 cambios en el área de Informativos y 38 entre los puestos directivos, a pesar de que el suyo es un nombramiento provisional.

Y durante su intervención, con tono desairado, llegó a echar en cara a los diputados y senadores presentes: "A todos ustedes les importa muy poco la televisión pública".

"No soy partidista", aseguró también. "No soy podemita, no soy socialista, no soy nada”. Y proclamo, con tono enfadado: Ustedes no me van a dar órdenes. "No tolero que nadie me dé órdenes. No lo he tolerado desde que tengo 14 años".

Bueno, pues eso de que ella no es “de nada”, y de que no recibe órdenes, no parece tan claro. “Algo” será, cuando su nombramiento ha sido decidido por La Moncloa, por Pedro Sánchez. “Algo” será, cuando, apenas llegar al cargo, y por tanto sin conocer la casa por dentro, ni a las personas que trabajan allí, procedió con inusitada rapidez a una barrida de cargos altos, medios, e incluso redactores de a pie.

“Algo” será, cuando la purga ha afectado a personal a los que se había identificado con el anterior Gobierno, mientras fueron recuperados otros que, en su mayoría, estaban vinculadas con el zapaterismo. ¿Eso es no ser “nada”? Los hechos hablan por sí mismos.

Una presidenta de RTVE, aunque sea provisional, tiene derecho a hacer los nombramientos que estime convenientes. Faltaría más. Pero no parece tan defendible que el patrón de comportamiento se centre en acabar con un determinado grupo de trabajadores que han sido denunciados ideológicamente.

Por cierto, ¿de dónde sacó Rosa María Mateo la información para proceder a medidas tan concretas? Dicho más claro: ¿quién la dio la lista de nombres? ¿Personas del PP? ¿O más bien de otros sectores ideológicos, a las que ha dado credibilidad? ¿Puede seguir proclamando que no es “nada”?

A pesar de ese no ser “nada”, otra decisión que ha tomado es que se emita 'La República', en su segunda temporada, con estos capítulos: Tres días de abril, La conspiración, El precio de la libertad y Volveremos.

Retornando al Congreso, el comportamiento y las palabras de Rosa María Mateo no tienen un pase. Denotan falta de respeto a la propia institución. No solo por calificar de “teatrillo” lo que se tramita en la comisión de control, sino más aún por el tono bronco, acusatorio y destemplado utilizado. Poco menos que echando broncas a los parlamentarios. Por ejemplo, diciéndoles eso de que les importa muy poco la televisión pública. No parece aceptable.

Como no lo es la utilización de descalificaciones e insultos. Llamar mezquino y miserable a un diputado no resulta admisible. Y menos aún desde una persona que, como presidenta de RTVE, tiene nombramiento público (por decreto-ley), y ostenta un cargo que podría considerarse público porque preside una corporación pública. Y, además, cobra su sueldo del dinero público: diez mil euros al mes.

Una persona sinceramente demócrata, en fin, respeta al Parlamento y a sus integrantes. Y cuando les falta, nos falta a todos los ciudadanos.

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