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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Sánchez, ¡ten cuidado con el PNV!

Íñigo Urkullu en un mitin del PNV.
photo_camera Íñigo Urkullu en un mitin del PNV.

“César, guárdate de los idus de marzo”. Le avisó a Julio Cesar un adivino, sin que hiciera caso. No atendió la advertencia del arúspice Espurina, ni el mensaje del ominoso sueño de su esposa, Calpurnia. César no hizo caso, y fue apuñalado por los senadores, capitaneados por Bruto.

Desde este rincón, me atrevo a avisar al presidente del Gobierno, don Pedro Sánchez Castejón: ¡ten cuidado con el PNV! Un partido que no es de fiar. Las mata callando, como suele decirse.

Que se lo pregunten, por ejemplo, a Mariano Rajoy. El Partido Nacionalista Vasco derribó a Rajoy, perpetrando una traición de última hora cuando ya tenía firmado con el Gobierno del PP su apoyo a los presupuestos. Se pasó sin más al bando del PSOE y convirtió en viable la moción de censura.

Cierto es que el negocio le ha salido muy rentable. Como siempre. Ha cobrado por ejemplo en transferencias (la Seguridad Social, las prisiones…), y en acercamientos de presos etarras. Y ahora va a por la Y griega vasca, el corredor de alta velocidad. Lo cierto es que Pedro es buen pagador.

En las elecciones de noviembre de 2019, tras el anuncio del resultado, al Partido Popular le llegó información desde Vizcaya de comportamientos sospechosos por parte de interventores del PNV. O sea, de una posible manipulación en el recuento de votos que perjudicaba al PP.

Pablo Casado encargó que se vigilara el escrutinio definitivo, en el que también se contabilizaba los sufragios de los residentes en el extranjero. Y allí se comprobó que unos doscientos votos del PP habían sido "repartidos" a otras formaciones, incluido el PNV, y otros habían sido declarados nulos cuando no lo eran.

Total, que, con esas papeletas "recuperadas", más el voto del extranjero, el PP acabó sumando 56.621 votos y consiguió un escaño en Vizcaya, arrebatándoselo, casualmente, a los nacionalistas. ¡Para que te fíes del PNV!

Unas veces las ‘mata’ callando, digo, y otras hablando. Como acaba de ocurrir con el real decreto de medidas para rebajar el precio de la electricidad que, entre otras medidas, minora en 2.600 millones los beneficios de las eléctricas para repercutirlos en favor de los consumidores.

Los intereses del PNV están al lado de las eléctricas, no solo por las siderurgias, que han tenido que cerrar porque no pueden pagar el precio del suministro, sino sobre todo porque la primera compañía española, Iberdrola, tiene sede social en Bilbao y una parte de los impuestos los paga en el País Vasco.

 

En este caso, el partido nacionalista fue meridiano. Su portavoz en el Congreso advirtió a Pedro Sánchez de que “reorientara” el decreto ley (o sea, lo modificara), porque estaba en juego “el futuro de la economía y de su propio Gobierno”. Más claridad, imposible.

El aviso tuvo efecto inmediato. La vicepresidenta Teresa Ribera anunció en el Congreso que aparcaba el llamado “hachazo a las eléctricas”.

Es lo que tiene, en esta España nuestra, ser un partido nacionalista con representación en el Congreso. Catalanes, vascos… y hasta canarios, sin olvidar a Teruel Existe  aunque sea un caso singular, cobran bien caros sus votos. Una situación que para sí quisieran todas las comunidades. Las vendría bien tener ‘su PNV propio’.

Pero, como digo, los nacionalistas, y en este caso el PNV, no son de fiar. Su lealtad es el dinero. Traicionan a cualquiera por un puñado de euros (bueno, no tan puñado).

Por eso advierto a Pedro Sánchez de que tenga cuidado. Cuidado con los idus. Los de marzo, abril… los de todos los meses. De aquí a 2003, la puñalada puede llegar en cualquier instante. Sobre todo, si en algún momento no pagas adecuadamente.

editor@elconfidencialdigital.com

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