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José Apezarena
José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Sánchez no tiene policía suficiente

Policías nacionales en la Puerta del Sol.
photo_camera Policías nacionales en la Puerta del Sol.

De día en día, pero cada vez más aceleradamente, se multiplican las movilizaciones y las protestas contra el Gobierno y sus socios, sobre todo por las decisiones que están tomando en torno a la pandemia de coronavirus. Aunque no solo.

Aumentan las caceroladas, proliferan las concentraciones ante sedes y domicilios de dirigentes de los dos partidos en el poder, socialistas y podemitas, se incrementan sin parar y por todas partes las concentraciones ciudadanas en las calles, de las que ha sido impulsora la que se inició en Núñez de Balboa, en Madrid. Y este sábado está convocada una manifestación con coches y motos en todas las ciudades.

Moncloa ordenó a la Guardia Civil que vigilara informaciones negativas para el Gobierno, y se descubrió cuando lo confirmó, con toda naturalidad y en rueda de prensa, el jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil, el general Santiago.

Ahora, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska (la verdad es que se está luciendo el otrora juez estrella de la Audiencia Nacional) ha dado instrucciones a la Policía Nacional para que identifique a los promotores de acciones populares como las concentraciones callejeras al final de la tarde.

La orden es que se refuerce el rastreo en redes sociales, páginas web, perfiles personales…

Pero los policías de Sánchez tienen un problema. Que han aparecido a miles unos nuevos agitadores, que antes no existían: los usuarios de redes sociales. Que somos casi todos. Y eso no lo pueden controlar.

Casi todos los ciudadanos se han convertido ahora en “activistas”, en promotores, en movilizadores, enviando mensajes de Whatsapp, utilizando Twitter, Facebook, Instagram, YouTube, los correos personales

Se trata de un maremoto de información, de vídeos, mensajes, tuits, retuits, fotografías, grabaciones, sonidos…

Es, entre otras cosas, una consecuencia directa de la situación de largo encierro en casa, y de la dedicación de casi todos al teletrabajo.

Las horas que la población está pasando ante la pantalla del ordenador, la necesidad de comunicarse con familiares aislados, con amigos, para paliar en lo posible la soledad y el aislamiento, las conferencias por skype, las reuniones por zoom, las call, junto con las tareas diarias del trabajo en casa, han acabado convirtiendo a gran parte de la población, la mayoría ya, en usuarios, casi compulsivos, de todas esas herramientas de comunicación.

Y hasta le han tomado gusto.

Así que hoy los agitadores, los movilizadores que querrían encontrar y silenciar las policías de Sánchez, son todos. O casi todos. Y contra eso poco van a poder hacer los represores.

Por la red viajan vídeos, chistes, dibujos, memes, llamamientos, convocatorias, ejemplos, imágenes… sin olvidar grabaciones del pasado en las que personajes como Pablo Iglesias, Pedro Sánchez y otros muchos, y hasta el mismísimo Fernando Simón, aparecen afirmando todo lo contrario de lo que dicen ahora. Con lo que están quedando en evidencia. En ridículo.

Pilladas, contradicciones, declaraciones imprudentes del pasado… están ilustrando también, y alimentando, los sentimientos de crítica, rechazo y hasta indignación contra no pocos de los que ahora ocupan el poder.

Escribí ayer que a Sánchez la calle se le está yendo de las manos. Es así.

Y está perdiendo la batalla informativa y de creación de opinión. No hay policía suficiente para controlarlo todo. Y menos mal. Eso se llama democracia.

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