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Señores políticos, tómenselo en serio o nos llevan al precipicio

Aplausos a Meritxell Batet tras ser elegida presidenta del Congreso
photo_camera Aplausos a Meritxell Batet tras ser elegida presidenta del Congreso

Los políticos se han convertido en una de las principales preocupaciones de los españoles. La primera vez que esa realidad quedó al descubierto fue la encuesta que dio a conocer el CIS el año pasado, en diciembre de 2018.

Aparecieron como el segundo problema de España, solo por detrás del paro y, por vez primera, por delante de la corrupción. Que ya es decir. Lo citaron como tal el 31,2% de los encuestados, mientras que la corrupción se situó en el 29,4%.

El sondeo del pasado septiembre, elaborado después de que se confirmara el fracaso de las negociaciones para formar Gobierno y se anunciara que íbamos a nuevas elecciones, batió todos los récords.

En ese momento, el 45,3% de los españoles situaron a los partidos y a sus líderes como uno de los tres principales problemas del país.

Nunca el nivel de rechazo hacia los políticos había llegado tan alto. Ni en lo peor de la crisis económica de 2008, ni con las movilizaciones del 15M, ni después del descalabro del PP por los casos Gürtel y semejantes…

Ahora, el último barómetro del CIS, de finales de octubre, ha vuelto a colocar a los partidos y la política como segundo motivo de preocupación de los españoles, con el 37,8%, solo por detrás del paro.

Vistos esos datos, ¿se muestra nerviosa la clase política? ¿Existe preocupación en los partidos por la desafección de la ciudadanía? ¿Van tomando medidas serias para revertir tan negativa, y peligrosa, situación? Respuesta: no, en absoluto.

No solamente se fuman un puro ante el rechazo que provoca su inoperancia e inutilidad, sino que, por si faltara poco, a estas alturas aún no está claro si acabaremos en una nueva convocatoria electoral, después de haber sufrido cuatro elecciones en cuatro años.

Desde mi punto de vista, las instituciones, los partidos políticos, las dos Cámara (Congreso y Senado), y todos los concernidos, deberían tomar nota de la tremenda desafección que muestran los ciudadanos por la política, porque esa deriva nos lleva al precipicio.

Los partidos, los líderes, tendrían que tomarse en serio su propia imagen. Aunque solo fuera por instinto de supervivencia.

Por cierto. ¿Ayuda algo, a asentar y prestigiar su imagen, el espectáculo de la estrafalaria jura de diputados y senadores durante el acatamiento de la Constitución?

¿Creen los políticos que los españoles aguantan sin más que se aproveche ese momento para ocurrencias y proclamas, incluyendo ensalzar a presos y reclamar objetivos inconstitucionales como la república catalana y la república de Euskadi, y hasta la reivindicación de la España vacía?

Ni es el momento, ni son las formas, y esas situaciones degradan el prestigio de las Cortes, que, hay que recordarlo, ostentan la representación de la soberanía nacional. De todos nosotros.

Hemos asistido a comportamientos bochornosos con la aquiescencia de quienes deberían defender el honor de las Cámaras: las presidentas Meritxell Batet y Pilar Llop. Que actuaron, no como titulares imparciales de esos poderes, sino como fieles militantes de un partido hipotecado y rehén, que necesita de los nacionalismos radicales para intentar seguir en la Moncloa.

Es otro lamentable espectáculo: la sumisión y dependencia de fuerzas anti españolas. Un argumento más para que la ciudadanía tenga la tentación de pasar definitivamente de los políticos y de los partidos.

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En Twitter @JoseApezarena

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