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Lo siento, yo no soy fan del diputado Zamarrón

Meritxell Batet, elegida presidenta del Congreso de los Diputados
photo_camera Meritxell Batet, elegida presidenta del Congreso de los Diputados

Agustín Javier Zamarrón, 73 años, segoviano, médico de profesión, ya jubilado, diputado socialista por Burgos, que repite escaño, recibió elogios y aplausos durante la constitución, ayer, de las nuevas Cortes.

No sé si voy contra corriente, pero tengo que decir que a mí no me gustó su comportamiento.

Su papel se reducía a presidir la mesa de edad en el Congreso de los Diputados durante el trámite de elección de la presidencia y la Mesa de la Cámara. Y, en mi opinión, se pasó. Sobreactuó.

Quizá le ha ocurrido que, como ya lo hizo en la legislatura anterior, convirtiéndose entonces en sorprendente protagonista gracias a su indumentaria, aspecto valleinclanesco y su habla de castellano antiguo, ahora no ha podido resistirse.

Pero una cosa, vale; dos, no. Un dicho castellano afirma que lo repetido cansa y desalienta.

Opino que esta vez Zamarrón tendría que haberse limitado a cumplir los trámites reglamentarios, sin improvisaciones, sin ocurrencias, sin discursitos...

Pero, sobre todo, y esto me parece más relevante, sin arrogarse la representación de todo el Congreso, al pedir perdón a los españoles por no haber sido capaces (los diputados) de cumplir el encargo de formar un Gobierno.

Nadie le había investido de la representación ni de la autoridad de la Cámara. Nadie la había nombrado portavoz del conjunto de los diputados. Fue, por ello, un comportamiento inadecuado.

Por eso, quizá tendría que haberse reprendido también a sí mismo, como hizo con Marta Rosique, 23 años, diputada de Esquerra, secretaria de la mesa de edad, que igualmente buscó su minuto de gloria citando a los políticos catalanes presos. Y, por tanto, aprovechándose torticeramente de la oportunidad que se le había dado de hablar desde la tribuna de oradores.

Los restantes comentarios de Zamarrón sobre, por ejemplo, su situación de "mancado", o sea cojo, también sobraban. Ese tono campechano, aparentemente simpático y desenfadado, como de colegas, quitó solemnidad, seriedad, a un momento muy delicado: el inicio de la legislatura número catorce a los pocos meses de haber fracasado la anterior.

No están los tiempos políticos para muchas bromas. La sobriedad castellana habría resultado más apropiada, en alguien que ocupaba interinamente el sillón de la presidencia del Congreso.

Con su actuación, Zamarrón ha recibido muchos plácemes y parabienes. No me sumo a ellos. Disiento. Yo no soy fan de Zamarrón. Como tampoco de Rosique. Ni de aquellos que convierten el Congreso en un circo.

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En Twitter @JoseApezarena

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