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Las sorprendentes confidencias de un farmacéutico

Hace pocos días, coincidí con un acreditado farmacéutico, gestor de farmacia durante muchos años, y reconozco que, dado mi desconocimiento de ese sector, me sorprendieron mucho algunos comentarios que hizo.

Uno de ellos se refería al distinto trato que reciben ciertos medicamentos, en los que se produce una desproporcionalidad bastante chocante. Es algo que me asombró, porque yo, como profano en la materia, pensaba que, siendo asunto tan serio, las decisiones tenían en todos los casos un fundamento técnico y científico indubitable.

Así me enteré de que, con el Paracetamol, un producto tan común y utilizado, se exige receta médica cuando se desea comprar pastillas de un gramo de dosis.

Por lo que después me he documentado, resulta que la Agencia Española del Medicamento adoptó esa medida en junio de 2017, y desde entonces es de aplicación obligatoria.

Su conveniencia se argumenta en motivos de seguridad: como medida preventiva para evitar un consumo inadecuado y prevenir casos de sobredosificación.

Al mismo tiempo, el citado profesinal de la farmacia comentó que la llamada píldora del día siguiente, que tiene efectos abortivos, se administra sin necesidad de receta.

También aquí me he documentado. Y he leído, en páginas técnicas, que presenta contraindicaciones.

Existen casos en los que se recomienda no tomarla sin la previa valoración de un médico porque, debido a sus compuestos, puede poner en riesgo la salud de mujeres que sufren (y copio): problemas cardíacos, insuficiencia hepática, colitis ulcerosa, enfermedad de Crohn, cáncer de mama, trombosis venosa, migrañas severas y frecuentes, mujeres que han tenido en el pasado embarazos ectópicos, quienes han sufrido de inflamación de las trompas de Falopio, pacientes que consumen ciclosporina.

En todos estos supuestos se deberá consultar al médico antes de ingerir este denominado "anticonceptivo de emergencia".

Así que con el Paracetamol de un gramo, receta médica; con la píldora del día siguiente, no.

Pero no acaba ahí la cuestión. Porque resulta que la píldora es de dispensación obligatoria. O sea, que si un profesional se niega a venderla, por el motivo que sea, y alguien lo denuncia, se ve sancionado con una multa que, si no entendí mal, es de 3.000 euros. No es poca cosa.

Y ocurre que algunos farmacéuticos muestran reservas serias sobre las características de la píldora, primero por sus efectos abortivos (en no pocos casos se plantean cuestiones de objeción de conciencia), pero también por las contraindicaciones ya reseñadas. Tan es así, que un 20% de las farmacias de Madrid no la venden, frente a un 80% que sí.

No entiendo lo de la multa. En mi opinión, no se trata de un medicamento de primera necesidad, como para obligar a venderlo y multar cuando no se hace. Y estoy seguro de que el o la demandante encontrarán con absoluta facilidad otro establecimiento cercano donde adquirirla, puesto que 8 de cada 10 la dispensan. Hacerlo obligatorio...

Como digo, confidencias sorprendentes. Al menos para un muy lego en la materia.

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En Twitter @JoseApezarena

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