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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Me too, yo también firmo: contra las censuras y el nuevo Macartismo

Mario Vargas Llosa.
photo_camera Mario Vargas Llosa.

Cuando trabajé en Europa Press, escuché no pocas historias sobre la censura en España, que esa agencia de noticias sufrió en primera línea durante los años finales del franquismo, al igual que otros medios que apostaban por la independencia y la libertad de información.

Tenían que llevar al ministerio de Información y Turismo (entonces ubicado en el edificio de La Castellana que ahora ocupa Defensa) las noticias que querían enviar a los periódicos, para ver si obtenían el visto bueno de los censores. Los funcionarios tardaban en contestar (para una agencia de noticias, el tiempo es decisivo), y muchas veces devolvían los originales tachados: no se podían publicar.

Aquello resultó un suplicio especialmente duro para unos periodistas que peleaban por desempeñar su trabajo con libertad.

Traigo el caso a colación porque, sorprendentemente, está volviendo la censura en países considerados avanzados. Algo así como un nuevo Macartismo, aunque ahora de otro cuño.

Hace dos semanas, ciento cincuenta intelectuales firmaron en la revista norteamericana Harper’s Magazine un manifiesto en defensa de la libertad de expresión.

Lo firmaron personalidades tan diversas como Noam Chomsky, Salman Rushdie, Margaret Atwood, J.K. Rowling, Garry Kasparov, Martin Amis… y algunos de ellos ya lo están pagando, víctimas precisamente de las persecuciones que denuncian.

Mostraban su preocupación por la «intolerancia hacia las perspectivas opuestas, la moda de la humillación pública y el ostracismo» que está ganando fuerza en EEUU, incluido el lado más progresista del espectro político.

“El libre intercambio de información e ideas –dice el manifiesto-, que son el sustento vital de una sociedad liberal, está cada día volviéndose más estrecho. Aunque esperábamos esto de la derecha radical, lo censurador se está extendiendo más ampliamente en nuestra cultura": intolerancia, humillaciones públicas, y y la tendencia a "disolver asuntos complejos de política en una certitud moral cegadora”.

En otro momento, dice: “Los editores son despedidos por publicar piezas controvertidas, los libros son retirados por supuesta falta de autenticidad, se prohíbe a los periodistas escribir de ciertos temas, los profesores son investigados por citar trabajos de literatura en clase, un investigador es despedido por divulgar estudios académicos revisados, y los jefes de las organizaciones son cesados por lo que a veces solo son errores torpes”.

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Siguiendo esa misma pista, ahora un centenar de intelectuales españoles acaban de firmar un manifiesto contra la intolerancia y la censura, que es también de apoyo al publicado en Harper’s Magazine.

Lo suscriben, entre otros, Mario Vargas Llosa, Carmen Posadas, Sergi Pàmies, César Antonio Molina, Oscar Tusquets, Adela Cortina, Fernando Savater, Zoe Valdés y Juan Luis Cebrián.

Se suman “a los movimientos que luchan no solo en Estados Unidos sino globalmente contra lacras de la sociedad como son el sexismo, el racismo o el menosprecio al inmigrante”, pero manifiestan su preocupación “por el uso perverso de causas justas para estigmatizar a personas que no son sexistas o xenófobas o, más en general, para introducir la censura, la cancelación y el rechazo del pensamiento libre, independiente, y ajeno a una corrección política intransigente”.

Denuncian la “irrupción de unas corrientes ideológicas supuestamente progresistas, que se caracterizan por una radicalidad, y que apela a tales causas para justificar actitudes y comportamientos que consideramos inaceptables”.

Lamentan que se hayan producido represalias en los medios de comunicación contra intelectuales y periodistas que han criticado los “abusos oportunistas del # MeToo o del antiesclavismo new age”. Aseguran que en España las ha habido también, mediante “maniobras discretas o ruidosas de ostracismo y olvido contra pensadores libres tildados injustamente de machistas o racistas y maltratados en los medios, o linchados en las redes”.

Hacen responsables de estas situaciones (despidos, cancelación de congresos, boicot a profesionales) a “líderes empresariales, representantes institucionales, editores y responsables de redacción, temerosos de la repercusión negativa que para ellos pudieran tener las opiniones discrepantes con los planteamientos hegemónicos en ciertos sectores”.

Esa actitud, “que trata de imponer la nueva radicalidad –que tanto parecido tiene con la censura supersticiosa o de la extrema derecha– tiene un fundamento antidemocrático e implica una actitud de supremacismo moral”.

Sobre esto mismo, Antonio Garrigues Walker acaba de publicar una tribuna en ABC titulada “Me too”, en la que afirma: “Se está iniciando otra era histórica. Se van a seguir tumbando muchas estatuas y sobre todo muchas ideas”.

Otros firmantes del citado manifiesto son: escritores como Ignacio Martínez de Pisón, Luis Alberto de Cuenca, Álvaro Colomer, Milena Busquets; periodistas como Juan Cruz, David Castillo, Víctor Amela, Anna Grau, Arcadi Espada y Ramón de España: profesionales diversos como José Manuel Blecua, Joan Josep Moreso, Anna Estany, Mikel Arteta, Marc Antoni Broggi, Eduardo Spagnolo, Javier Arias y Jaume Casals (rector de la UPF).

Yo también firmo. Me too.

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