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El torpedo de Feijóo a Rajoy

Feijóo es político veterano, curtido, y por tanto conocedor de los efectos que producen las palabras y las declaraciones. Y se le nota, porque las mide al milímetro. Es prudencia natural de gallego y prudencia de líder baqueteado.

Sin embargo, acaba de entrar de hoz y coz en la cuestión espinosa de la sucesión de Mariano Rajoy, en el PP y por tanto en el Gobierno.

A ese respecto, la cadencia de opiniones escuchadas al presidente de la Xunta resulta muy significativa.

Recién ganadas las elecciones en Galicia, en septiembre de 2016 apuntó que no quería hablar de la sucesión hasta el año 2020. Lo relacionó con que entonces él finalizará mandato en la Xunta, y Mariano Rajoy terminará la legislatura.

Más recientemente, el pasado mes de enero, en un desayuno informativo en Madrid, calificó de "respuesta de libro", la contestación que acababa de ofrecer Rajoy sobre sus intenciones de futuro. El presidente había asegurado que "a fecha de hoy" su "intención" era repetir como candidato en las próximas elecciones generales. "Imagínese que hubiese dicho lo contrario...", remachó Feijóo.

Algo ha cambiado. O eso parece. En la reciente entrevista que le realizó Jordi Évole, en Salvados, Feijóo aceptó entrar en el tema de la sucesión y del sucesor de Rajoy. Podía haberse escaqueado (tablas tiene de sobra), pero no. Y afirmó: "Es bueno que un presidente del Gobierno lo haya sido antes de una autonomía". O sea, se estaba postulando él mismo.

Con ello, por cierto, deja fuera a casi todos los posibles rivales, porque en la actual plantilla de dirigentes populares con opciones solo dos presiden o han presidido una comunidad autónoma: María Dolores de Cospedal y Cristina Cifuentes. No ha sido presidenta Soraya Sáenz de Santamaría, por citar un caso singular.

Haber afrontado tan de lleno el vidrioso asunto de la sucesión es, de entrada, lanzar un torpedo a Rajoy. Algo parecido a una especie de empujón para que renuncie a postularse como cabeza de lista del PP en la siguientes elecciones generales. Y eso Feijóo lo sabe bien. Como igualmente conoce que muchos dirigentes veteranos del partido opinan, y así lo dicen en privado, que el líder máximo tiene que irse a su casa.

Así que, si el presidente de la Xunta de Galicia se ha metido en tamaño berenjenal, es que tiene razones.

Bien porque cree que el movimiento interno existente en el partido "obligará" a Rajoy a renunciar. Dos hipótesis, dicho sea de paso, bastante improbables: que en el PP se produzcan ese tipo de movidas, y que el líder se deje condicionar.

O tal vez le ha llegado alguna pista de que Rajoy esconde la intención de dejarlo cuando acabe la legislatura. Podría incluso haber ocurrido que el propio afectado lo hubiera susurrado a Feijóo. Algo también tremendamente difícil de aceptar, porque el presidente del Gobierno no le cuenta nada ni a su camisa. Es conocida la broma de que, para evitar filtraciones, Mariano no habla con Rajoy, ni Rajoy con Mariano.

La otra posibilidad es que ha llegado a la conclusión de que ahora o nunca. De que, en una hipotética carrera suya hacia La Moncloa, esta es su última oportunidad. Y que, por tanto, no hay más remedio que correr todos los riesgos. Incluido el disgusto de Mariano Rajoy por el torpedo recibido.

Porque ocurre que, si Rajoy vuelve a ser candidato en 2020, para una legislatura de cuatro años, en las siguientes generales, es decir en 2024, Alberto Núñez Feijóo tendrá ya 63 años. Quizá demasiados.

Y habrán crecido dentro del PP personajes más jóvenes, que ahora se sitúan en segundo plano pero que entonces se encontrarán en plena madurez. Los Pablo Casado, Dolors Montserrat, Alfonso Alonso, José Manuel Moreno... y otros que aún no han despuntado.

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En Twitter @JoseApezarena

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