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Esos tránsfugas que se llevan los secretos más delicados

Ángel Garrido con Ignacio Aguado
photo_camera Ángel Garrido con Ignacio Aguado

La fuga de Ángel Garrido ha inquietado en el PP también porque, dada su condición de presidente de la Comunidad de Madrid y de cargo en la dirección regional, se ha movido en los más altos niveles del partido. Y, por tanto ha tenido, acceso a tantas cuestiones delicadas.

El problema añadido es que, además, se ha pasado a un partido rival, a una formación política que lucha con el PP para arrebatarle el mayor número posible de votos y de escaños. Un partido, Ciudadanos, al que Garrido puede proporcionar informaciones y claves con las que, por ejemplo, desmontar políticas, contraatacar campañas, y, en su caso, hasta descalificar a algunos líderes y candidatos populares.

Es que, en efecto, el problema de los tránsfugas se amplía cuando los protagonistas se han movido en las máximos órganos directivos y de gestión de las organizaciones, donde se fijan estrategias, a los que llegan también los problemas, los errores, los fallos y las debilidades.

Hablando de directivos, ahí está, por ejemplo, el balear José Ramón Bauzá, que fue presidente regional del PP.

Pero es que el desafío que se avecina para los populares no se limita a Ángel Garrido. Hay que sumar también salidas como la de Enríquez de Luna, hasta ahora concejal en Madrid, con 35 años de militancia y que ha ocupado cargos en el Ayuntamiento, la Comunidad y el Senado. ¡Qué secretos no conocerá!

A este, en la calle Génova le tienen incluso más miedo. Por la cantidad de asuntos que ha tocado en todos estos años, y por su propia personalidad y trayectoria. Pero sobre todo porque a donde se ha ido es precisamente a Vox. ¿Qué les contará?

No acaban ahí los problema. En el PP saben que un cierto número de ex altos cargos, que ocuparon secretarías de Estado y subsecretarías, y otros que han sido asesores de ministros populares, se están planteado también abandonar el barco. Tras la moción de censura se han quedado en la calle, y, a la vez, las  expectativas electorales ponen muy difícil recuperar el Gobierno.

En fin, que muchos de los que se van, del PP y de otros partidos, conocen los entresijos de la organización, y por tanto se llevan consigo munición para atacar al ahora adversario.

Es lamentable que la obligación básica de conservar los secretos que se conocen por oficio y trabajo, o por haber ocupado cargos de confianza, el deber de elemental reserva, no se cumpla en el ámbito de la política.

No sé si los partidos tendrían que hacer firmar a sus dirigentes y a los altos cargos una cláusula de confidencialidad, que tanto se ha difundido en los ámbitos económicos y privados.

Pero me temo que tampoco serviría para mucho.

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En Twitter @JoseApezarena

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