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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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Va ser muy difícil evitar que Vox gobierne

Santiago Abascal, presidente de Vox
photo_camera Santiago Abascal, presidente de Vox

Pablo Casado se ha encontrado con el inesperado apoyo del siempre reticente Núñez Feijóo al menos en un asunto: el fichaje de Toni Cantó, recién salido de Ciudadanos, para que forme parte de la candidatura del PP a la Asamblea de Madrid.

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Casado se ha propuesto centrar su partido con el fin de hacerse con ese electorado, y para ello está abriendo las puerta a quienes vayan abandonando Ciudadanos, como una fórmula de moverlo hacia posiciones más centradas. Otra cosa es que, en el caso de Toni Cantó, sea o no el mejor fichaje posible.

El gallego Feijóo, cordial enemigo de Isabel Díez Ayuso casi desde el principio, ha respaldado en esta ocasión a Pablo Casado, porque estima que la incorporación de Toni Cantó facilita ese giro al centro que el siempre ha defendido en Madrid, frente a las posiciones más a la derecha de la presidenta regional.

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Cuando se celebren las elecciones del 4 de mayo, y si se cumplen las expectativas que anuncian las encuestas, Isabel Díaz Ayuso no habrá conseguido mayoría absoluta y, en consecuencia, necesitará del voto de los diputados de Vox para la investidura y para poder formar gobierno.

A pesar de lo que dice ahora, porque estamos en pre campaña, pienso yo que, en ese crucial momento, el partido de Santiago Abascal va a reclamar algo más que buenas palabras. Más que concesiones en el programa de gobierno. Muy posiblemente pensará que ha llegado el momento de gobernar. Algo que todavía no ha conseguido.

Tras los apoyos desde fuera que ha prestado en la Comunidad de Madrid, en el ayuntamiento de la capital, en Murcia, en Andalucía, y todo ello sin tocar poder, me parece que esta vez Vox va exigir entrar en el gobierno madrileño.

Y posiblemente ya no le convencerá el argumento, utilizado hasta ahora, de que, si no presta sus diputados al PP, gobernará la izquierda. Es un planteamiento que no va a durar toda la vida. Y Madrid puede ser ya la oportunidad de cambiar de dinámica.

Así que tengo para mí que al Partido Popular le va a resultar muy difícil evitar que Vox entre en el gobierno de la Comunidad.

A lo que se añade que, no obstante las reticencias de Génova, la propia Isabel Díaz Ayuso no parece muy contraria a integrar en su equipo a personas de esa procedencia.

Durante una de mis participaciones en el programa de Jesús Cintora, Las Cosas Claras, en TVE, apunté a los otros tertulianos que habría que “acostumbrarse” a que Vox gobierne en algún sitio, porque eso es algo que acabara ocurriendo, y más pronto que tarde.

Alguno respondió con calor, diciendo que nunca se “acostumbrará” a que “la ultraderecha” entre en las instituciones, y ello por motivos éticos, ideológicos, casi hasta de conciencia…

Y entonces intenté plantear una reflexión. ¿Por qué se habla con tanta rotundidad de ultraderecha, o de derecha radical, cuando se trata de Vox, y en cambio no se utiliza también la expresión paralela de “ultraizquierda”, o “izquierda radical”, cuando se alude, por ejemplo, a Podemos.

Si a la fuerza que está situada a la derecha del PP se le denomina ultraderecha, a la formación política ubicada a la izquierda del PSOE habría que aplicarle el término ultraizquierda, ¿no? Tiene toda la lógica. Pero eso es algo que casi nadie hace.

Nominalismos al margen, resulta que aquí, en España, tenemos a la ultraizquierda, o sea, a Podemos en el Gobierno de la nación, y presente también en algunos ayuntamientos importantes, como ocurre en Barcelona. Bildu, los herederos de ETA, forman parte de la mayoría parlamentaria que sostiene al Gobierno de Pedro Sánchez, e igualmente están representados en instituciones y ayuntamientos vascos. Y los exaltados chicos de la CUP formando el nuevo gobierno en Cataluña. ¿Y Vox no puede?

No tengo ningún deseo de que el partido de Santiago Abascal gobierne en ningún sitio. Nada me une a Vox, ni apoyo sus posiciones, con algunas de las cuales estoy en desacuerdo radical. No quisiera que esos presupuestos se impusieran. Pero, a la vez, planteo: ¿Qué vara de medir política autoriza a bendecir la presencia de Podemos, de Bildu, de la CUP, y a descartar al partido de Santiago Abascal? ¿Por qué motivo? Los extremismos, o unos o ninguno. Desde mi punto de vista, mejor ninguno.

En fin, y volviendo al principio, considero que, piense lo que piense Feijóo, opine lo que opine Pablo Casado, va a resultar muy difícil evitar que Vox entre a formar parte del gobierno de la Comunidad de Madrid. Si es que el líder del PP quiere contar con esos votos para mantener a Isabel Díaz Ayuso en el sillón de la Casa de Correos.

Y, ojo, después vendrán unas elecciones generales, con un resultado incierto, en las que a lo mejor Vox también tiene algo que decir. O no, como diría el también gallego Mariano Rajoy.

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