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José Apezarena Editor de Confidencial Digital

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La Zarzuela no puede estar callada

Rey Juan Carlos.
photo_camera Rey Juan Carlos.

En el momento de escribir estas líneas, aún no se sabe cuál es el paradero exacto de don Juan Carlos, tras haber abandonado España. Y eso me parece una falta de respeto con los ciudadanos.

La noticia de su salida se conoció el lunes, y cuatro días después aún se mantenía la incógnita sobre el destino del anterior rey.

Por tales silencios, han circulado diversas hipótesis, empezando por la República Dominicana, con los Fanjul, y siguiendo con Portugal, con los Spirito Santo, vinculados con la Familia Real española desde la estancia de don Juan de Borbón en el exilio de Estoril.

Desde mi punto de vista, no tiene ninguna justificación que todavía se ignore el paradero de don Juan Carlos, un asunto conocido al detalle, por supuesto, desde La Zarzuela y también por el Gobierno. Dónde está y que hace. No en vano el rey emérito tiene seguridad oficial a su lado.

El cuándo y el cómo de la salida fueron pactados con su hijo, pero sobre todo el lugar donde se pensaba establecer. Y, desde luego, se consensuó también con el Gobierno, o al menos se le informó. Y sin embargo, seguimos sin saber dónde se encuentra.

El oscurantismo favorece las especulaciones, pero sobre todo atenta contra el derecho de los españoles a saber, incluso con detalle, todo lo que afecta a la Jefatura del Estado. Y también a su familia, puesto que de entre sus miembros se derivan los derechos a ocupar el trono. Pero con más motivos cuando se trata de asuntos tan relevantes como la salida de España del anterior monarca.

Sin embargo, La Zarzuela mantiene un mutismo extremo.

No es algo nuevo. La táctica del silencio viene de muy atrás. Muy pocas veces en La Zarzuela se ha apostado por la información.

Pero ocurre que la "nueva monarquía" que anunció Felipe VI hace seis años parecía que apostaba por la transparencia. Una condición tan propia de estos tiempos. No ha ocurrido así. El silencio y la puerta cerrada siguen siendo la norma.

En numerosas ocasiones, la excusa para no decir nada ha sido la apelación a lo que llaman la "vida privada" del rey y su familia.

Siempre he sostenido, y lo vuelvo a mantener, que la vida privada de la Familia Real es muy reducida. Casi inexistente. Limitada, como mucho, a lo que ocurra en las cuatro paredes de su residencia familiar. Incluso ni siquiera eso. La propia Casa del Rey facilitó un video con imágenes del almuerzo de los reyes con sus hijas.

Y lo del secretismo ha sido proverbial en el caso de las vacaciones de la actual Familia Real.

Más de una vez he opinado, y lo he escrito, que sus salidas, incluso para descansar, no son un asunto "privado". Ni por la personalidad de sus integrantes, ni por la financiación de esos desplazamientos, al menos en lo que se refiere a la seguridad.

Puedo entender que no se anuncie previamente el destino, por motivos de privacidad, de tranquilidad y de seguridad, pero al menos debería informarse a posteriori de dónde han descansado. Nunca he entendido ese oscurantismo, que ahora parece incluso más acentuado.

Este año, por cierto, los reyes y sus hijas no se van de vacaciones fuera de España. Nos ahorraremos el mal rollo de no saber dónde iban a disfrutar del verano.

Insisto. La Zarzuela no puede estar callada. Y el silencio sobre el destino de don Juan Carlos no tiene un pase.

editor@elconfidencialdigital.com

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