Miércoles 13/12/2017. Actualizado 13:45h

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Albert Rivera, presidente del Gobierno

Cuando a Albert Rivera le plantean a quién apoyará para ser presidente del Gobierno, si a Mariano Rajoy o a Pedro Sánchez, dando por supuesto que uno de esos dos partidos ganará las elecciones, ahora suele responder: ¿por qué no me preguntan a quién de ellos dos pediré que me vote para ser yo presidente del Gobierno?

No le falta algo de razón. Porque, dentro del enorme caos que viene provocando la proliferación de encuestas poco confiables, contradictorias entre sí (lo cual está conduciendo al desprestigio de esos trabajos demoscópicos), algunos estudios colocan a Ciudadanos en segunda posición, e incluso en primera, y por tanto en situación de intentar formar Gobierno con la ayuda o del PP o del PSOE.

Y Albert Rivera remacha su argumento añadiendo que en ningún lugar se halla escrito que el partido más votado tenga que ser, forzosamente, el que ocupe el Gobierno.

Me consta que altos cargos del mundo económico han trasladado a Albert Rivera el consejo de que tenga paciencia, de que este no es todavía su momento. Pero no sé si el líder de Ciudadanos, espoleado por esas prometedoras encuestas, les hará caso y se conformará con actuar como comparsa y no como protagonista.

Cierto es que el mensaje de todo líder consiste en afirmar que quiere ganar y que desea convertirse en presidente, por no estoy tan seguro de que, en el caso de Rivera, proclamarlo mucho constituya una buena estrategia. Porque la posibilidad de que dentro de un mes se convierta en presidente del Gobierno de España puede asustar a una parte de los potenciales votantes.

¿Por qué va a asustar? Por algo que, paradójicamente, se ha convertido en una de sus principales bazas y que, sin embargo, puede acabar en factor negativo: su juventud. A lo cual añadir la nula experiencia en la gestión pública. Y ambas cosas no son buena carta de recomendación para presidir el Gobierno.

Así que, si Albert Rivera insiste demasiado en que quiere y puede ser presidente, no faltarán grupos de población que, alarmados ante tal posibilidad, cambien el voto y renuncien a la inicial apuesta por Ciudadanos.

Dos factores por cierto, juventud y bisoñez, que también amenazan al otro político emergente, a Pablo Iglesias.

Por contraste, eso no puede decirse de igual manera de Pedro Sánchez. Por edad, imagen y trayectoria, y a pesar de que tampoco puede presumir de haber gestionado, el líder socialista sí puede ser percibido por amplios sectores sociales como un candidato fiable, y viable, para presidir el Gobierno.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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