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Andalucía y el voto mentiroso

Las encuestas llevan meses pronosticando en España lo que podríamos llamar un ‘empate a tres’, es decir, la práctica igualdad entre Partido Popular, PSOE y el nuevo invitado Podemos, en cuanto a intención de voto.

Según quién los realice, o con qué intención se articulen, unas veces han colocado a Pablo Iglesias y su gente en primera posición, otras han apostado por Partido Popular, y menos veces los socialistas resultaron ganadores porque sus alternativas eran más bien tercera o segunda fuerza. Las tres aparecían en el entorno del 20-30 por ciento de intención de voto, como si fueran gemelos.

Lo ocurrido en Andalucía, sin embargo, semeja un serio aviso hacia las previsiones demoscópicas. Porque de nuevo los dos partidos nacionales han ocupado las primeras posiciones, a pesar de la debacle sufrida por el PP, mientras que los 15 diputados de Podemos quedan bastante lejos de los 47 y 33, respectivamente, de socialistas y populares.

Así que una vez más, y salvadas las distancias que haya que salvar teniendo en cuenta la peculiaridad de Andalucía (donde, por ejemplo, los escándalos de corrupción no causan el menor desgaste), puede concluirse que una cosa es decir lo que uno tiene ‘intención’ de votar y otra lo que realmente vota.

Una cosa es lo que se responde para una encuesta, donde contestar es gratis porque no tiene consecuencias, y otra diversa decidir con tu papeleta quién va a administrar los concretos intereses de todos nosotros.. En fin, que podemos concluir que existe un abundante ‘voto mentiroso’.

Mirando de nuevo a Andalucía, y a los 47 escaños conseguidos por Susana Díaz, que con ello repite resultado, cabe preguntarse si el adelante electoral estuvo justificado. Más aún. Pienso que cabría un debate nacional sobre las atribuciones de los gobernantes a la hora de tomar este tipo de decisiones, en las que claramente prima el egoísta interés del político frente a la conveniencia y el provecho del ciudadano.

¿Qué sentido tiene que este 22 de marzo se hayan celebrado unas elecciones regionales, y que apenas un par de meses más tarde los andaluces sean de nuevo llamados a las urnas para las municipales de mayo? Casi parece una falta de respeto hacia ellos.

El razonamiento tendría que trasladarse a la inexplicable circunstancia de que en este año 2015 se convoquen cuatro procesos electorales distintos: andaluzas, elecciones locales de mayo, las catalanas en septiembre y finalmente las generales. Parece un despropósito, que alguien tendría que regular en beneficio de la sensatez y del sentido común. E incluso del ahorro de dinero.

Dicho lo cual, confieso que no tengo la menor confianza de que algo así vaya a cambiarse.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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