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Aznar y la dinamita al PP

No es fácil de entender el comportamiento de José María Aznar respecto al partido que presidió, al que sigue perteneciendo y del que es presidente de honor.

En muchas otras ocasiones anteriormente se ha mostrado lejano y crítico, descalificando programas y estrategias, echando broncas a sus dirigentes y, ya más en concreto, desautorizando a quien ahora lo preside. Pero lo llamativo es que lo vuelve a hacer ahora, en un momento tan delicado como la inmediatez de unas nuevas elecciones generales, en las que hay tanto en juego.

Aznar sigue soltando cargas de profundidad. Hasta el punto de que más parece un dinamitador del PP que un viejo dirigente. Que, por cierto, no ha solicitado la baja como militante sino que sigue perteneciendo al partido. A la vista de sus actuaciones, tal parecería que esté buscando el fracaso, cuando no la desaparición, de la formación que presidió en el pasado.

Por eso digo que no resulta fácil entender los motivos de fondo que expliquen un comportamiento así.

Si los partidos fueran organizaciones militares, que no lo son, una actividad semejante merecería un calificativo cercano al de alta traición. ¿Se debe a que no cuentan con él? ¿Hay detrás alguna venganza personal?

Por cierto que él mismo se está cerrando todas las puertas, porque merece el rechazo de la mayoría de dirigentes y militantes del Partido Popular. Si detrás se escondiera alguna hipotética intención de retorno, una pretendida recuperación de liderazgo perdido, Aznar, que ya recibía un elevado voto de rechazo dentro de su partido, está volando todos los puentes.

Y a la hora de pretender descalificar a los actuales responsables del partido, la realidad es que Aznar tampoco tiene demasiada autoridad, moral o política, ni puede ponerse como modelo. Tiene mucho que callar. Por citar un asunto especialmente crítico, todavía no ha pedido perdón por haber involucrado a España en una guerra de Irak que se justificó en falsos informes sobre uso de armas de destrucción masiva. Otro de los socios, Tony Blair, sí lo hizo.

Tampoco se ha disculpado por los graves errores en la gestión de la crisis de los atentados del 11 M, una suma de despropósitos, fallos y mentiras, que finalmente condujeron a la derrota electoral. Por no recordar que detrás del actual hundimiento del PP en Cataluña se esconde la decapitación de Aleix Vidal Quadras, sacrificado por Aznar en el altar de Jordi Pujol. Desde entonces, el partido no ha levantado cabeza en aquella tierra.

Así que la autoridad moral, política y de gestión que podría creer que tiene seguramente no es tal. Porque podrían citarse otras coyunturas. Como sus lazos con un Rodrigo Rato que ha resultado ser lo que ahora sabemos. Y tantas otras.

Repito. No hay manera de comprender por qué Aznar se dedica ahora a la dinamita.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena


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José Apezarena

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