Miércoles 13/12/2017. Actualizado 13:45h

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La equis sobre Banco de España, CNMV, Tribunal de Cuentas...

Que los grandes organismos, los encargados de velar por que las cosas se hagan medio bien, es decir, los así llamados 'reguladores', acaben en el ámbito de la ineficacia y, peor aún, de la sospecha, constituye una de las peores pesadillas que podría imaginar un país.

Bueno, pues eso está a punto de cumplirse, a lo que parece, en este país nuestro, en España, por otra parte tan baqueteado.

Me refiero a entidades del nivel del Banco de España, la CNMV, el Tribunal de Cuentas... sobre las que hoy pende la equis de la incógnita acerca de lo adecuado de sus actividades. Y que, encima, hasta se han enredado entre ellos en peleas de uno contra otro.

El Banco de España se encuentra contaminado por el pecado de la crisis bancaria, mejor dicho en las cajas de ahorro, donde, evidentemente incumplió, su obligación de regulación y control. Por no insistir en los sucesos de la creación de Bankia.

Las peleas y el intercambio de críticas entre el Banco de España y el ministro de Economía no constituyen precisamente un ejemplo. Por no hablar de la sorpresa de ver cómo la entidad alerta sobre los peligros de que suban los salarios en el país y, al mismo tiempo, el gobernador mejora su propio sueldo en un cinco por ciento. Eso se llama ser consecuente.

Actuaciones, sin duda, escasamente presentable. Como lo son las denuncias entre los propios reguladores. El Tribunal de Cuentas ha desvelado que la CNMV incurrió en el pago de complementos ilegales de antigüedad a sus directivos. Muy poco ejemplar.

El mismo Tribunal de Cuentas, por cierto, que se puso colorado cuando se dio a conocer el nepotismo existente en su interior a la hora de contrataciones y nombramientos. Los lazos de parentesco alcanzan a un centenar de empleados de la institución. Un centenar.

Un país zarandeado por la crisis económica y por los escándalos de corrupción se merecería que esos grandes organismo fueran de verdad ejemplares en todo. Al máximo. Más que la mujer del César. Que cumplieran bien su obligación de inspección, por supuesto, pero sobre todo que las conductas de sus responsables no desmerezcan.

De atrás viene, en fin, la preocupación de la sociedades avanzadas por la actuación de estos reguladores, ante la siempre inquietante pregunta de quién vigila al vigilante.

Por lo visto, algunos parecen creer que a ellos no les vigila nadie. Se creen impunes.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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