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Barberá y la pena (de muerte) de telediario

Es ya un lugar común hablar de la famosa "pena de telediario", aludiendo a las consecuencias públicas, de imagen y reputación, que tiene el hecho de verse envuelto en un procedimiento judicial y como resultado de la difusión de esas noticias. Sobre todo por la aparición en radios y televisiones, que son los medios de mayor alcance e impacto.

Esa pena se paga por anticipado, es decir, inmediatamente después de que se produzca la investigación judicial (antes llamada imputación), al margen de que al final exista o no infracción o delito. Y el precio es tanto mayor cuanto más alto vuelen la persona o personas concernidas.

Un agravante es que, de cara al futuro, no existe forma de recuperar el crédito y la imagen perdidos, aunque se demuestre la inocencia y se produzca la exoneración final con todos los pronunciamientos. El daño es irreparable. Siempre se ha dicho que la fama perdida es como el agua derramada en el suelo, que nunca se puede recoger del todo.

Se trata de una anomalía en nuestro sistema  de convivencia, una patología social, un prejuicio ciudadano, según el cual basta que alguien aparezca en cualquier investigación, para que sobre la marcha se dicte veredicto de culpable. Recuerda aquella penosa y ruin reacción que, durante años, se registró en el País Vasco, cuando, ante la noticia de un atentado de ETA contra alguien, se escuchaba el triste comentario: "Algo habrá hecho".

La súbita muerte de Rita Barberá viene relacionada, sin duda, con esa triste realidad de la pena de telediario, porque el tribunal popular ya le había condenado, antes de que pudiera defenderse, antes de que se demostrara la acusación, antes de cualquier aporte de pruebas, antes de la celebración de un juicio y de que los jueces dictaran sentencia.

Pero, en este caso concreto, existe una circunstancia agravante. El dato de que su propio partido, y los dirigentes nacionales, hubieran igualmente dictado sentencia anticipada de condena contra Rita Barberá. Y que sus propios viejos compañeros de partido le marginaran de forma radical y contundente. Sin esperar el veredicto de los tribunales.

Sin duda, al fallecimiento de Rita Barberá ha contribuido la citada "pena de telediario", o sea, el rechazo social. Pero me temo que mucho más el repudio generalizado de su partido, incluidos los líderes nacionales. Esos que ahora intentan como sea lavarse las manos.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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