Lunes 18/12/2017. Actualizado 01:04h

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¿Por qué Carmena se apunta a la guerra civil?

Lo he comentado en alguna otra ocasión. La guerra civil constituye un enorme baldón en la historia de este país, un lamentable episodio colectivo que a mí, como español, me avergüenza. Me sonroja el conjunto de todo lo que sucedió. De todo.

Por eso, soy de los que piensan que, cuanto menos esté presente ese drama en nuestra vida cotidiana, tanto mejor. ¡Es que, además, han transcurrido ya ochenta años!

Considero, pues, una equivocación seguir removiendo aquellos sucesos, porque con ello se aviva el guerracivilismo, la división de España en dos mitades enfrentadas. ¡Menudo éxito!

También porque tengo la sensación de que casi todos los que lo animan lo hacen, no en la búsqueda de la paz, sino más bien desde el deseo de revancha. ¿Es eso lo que en realidad se pretende?

A la guerra civil se ha apuntado con fervor la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, con esa ofensiva por sorpresa para retirar supuestos recuerdos del conflicto y del franquismo. Digo supuestos, porque el Ayuntamiento se la ha ido la mano, en un afán de censura propio del torquemadismo más trasnochado.

Quitar el monolito a los alféreces provisionales tiene bastante poco de anti franquismo porque ellos fueron movilizados forzosos, no voluntarios, enrolados como oficiales, y pagaron muy cara su inexperiencia bélica. No en vano se afirmaba entonces aquello de "Alférez provisional, cadáver efectivo".

La supresión de dos placas dedicadas a José Calvo Sotelo no encuentra explicación alguna, salvo la ignorancia de quien ha diseñado tal atropello. Calvo Sotelo no tiene que ver con la guerra, porque fue asesinado antes de que estallara el conflicto. Y menos aún con Franco

¿Y a qué viene retirar la lápida conmemorativa del fusilamiento de ocho carmelitas en el cementerio de Carabanchel? Esos frailes fueron las víctimas, mientras que los que dispararon fueron los asesinos. Se quería así a borrar el recuerdo de un hecho incomprensible, cuyo único origen fue el odio a la religión. ¿Se trataba de un gesto deliberado? ¿Se pretendía eso? ¿Lo mismo que con la intención anunciada de quitar el monumento a los mártires en la sacramental de San Isidro? ¿Hay que tapar sucesos semejantes?

Por no hablar del atropello, propio de ignaros irredentos, de cambiar el nombre a la calle Comandante Zorita, a quien se honró por haber sido el primer aviador español en romper la barrera del sonido y no por ser militar franquista.

Pero es que, además, están actuando, como suele decirse, "por sus pistolas". A nadie solvente han consultado Manuela Carmena y su ayuntamiento para tomar unas decisiones que tienen que ver con la historia, configuración y costumbres de Madrid. Los especialistas más conocidos han quedado al margen, no se ha consultado para nada, como sería exigible, a los cronistas de la Villa...

O sea, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo. Bueno, a Dios, casi seguro que no; al diablo, no lo sé.

He de lamentar, repito, que la alcaldesa se haya apuntado con tanto ímpetu a resucitar la guerra civil. A lo mejor ella se queda tranquila porque considera que se ha cobrado alguna deuda histórica, pero a los demás nos ha dejado bastante intranquilos. No creo que sea por frivolidad, porque está jugando con un asunto, además de triste, bastante serio.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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