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Cataluña no está para ocurrencias tontas

El crudo panorama que se va dibujando en Cataluña, y por tanto en toda España, con la declaración independentista aprobada ayer en el Parlament, no constituye el mejor escenario para las incoherencias y para las ocurrencias tontas. El asunto es demasiado serio. Ya hemos hablado de golpe de estado a cámara lenta. Y también de camino hacia una república bananera.

Incoherencia me parece anunciar solemnemente que los tres primeros partidos han formado un frente cerrado, en contra de la deriva soberanista catalana, lo cual enviaría un confortante mensaje al conjunto de los ciudadanos, y al mismo tiempo dedicarse a criticar en público al Gobierno acusándole de ser responsable de lo que ocurre en Cataluña, como practica un día sí y otro también Pedro Sánchez. Lo sea o no, este ya no es el momento ni la oportunidad.

Así que, o una cosa, o la otra. La gravedad del asunto merece que se abandonen trucos baratos de desmarque parcial e inconfesas intenciones de disculparse simbólicamente por aparecer junto de Rajoy.

En esta difícil coyuntura, el líder socialista ha vuelto a lanzar su propuesta de trasladar el Senado a Barcelona, como si fuera una de las soluciones al problema. Me parece un ocurrencia bastante simple, además de inútil.

Aparte de los inconvenientes prácticos que tendría tal medida, y de los costes económicos añadidos, ¿alguien puede creer que, ubicando la Cámara Alta en la Ciudad Condal, se calmarán algo los ardores independentistas? ¿Se contentarán Carme Forcadell, Artur Mas, Oriol Junqueras y Raúl Romeva? Me parece que no. Un proyecto así sería como echar un gota de agua en un incendio forestal.

Algo semejante ocurre con la supuesta salida del PSOE al problema catalán: la reforma de la Constitución para convertir España en un estado federal. Ese cambio en nuestra Carta Magna se me antoja una fórmula tan complicada, desde el punto de vista técnico y legislativo, y a tan largo plazo, que hoy por hoy no opera en absoluto en la solución del contencioso de Cataluña.

Además: ¿les bastaría a los independentistas convertirse en una autonomía distinguida, una comunidad ‘con galones’ por así decirlo. Pienso que no van por ahí sus planes.

Pero es que, además, esa reforma no cuenta con el respaldo del Partido Popular, cuyo voto resulta imprescindible para obtener la mayoría necesaria. El PP no está en tal proyecto, y en consecuencia la propuesta nunca saldrá adelante. Lo malo es que Pedro Sánchez lo sabe perfectamente. Asistimos, pues, a un brindis al sol, con el agravante de que no estamos precisamente para brindis.

¿Qué solución propongo yo? Evidentemente, no la tengo. Me parece que, inevitablemente, deberá pasar por el diálogo y, desde luego, por hacer sólidas concesiones a Cataluña. Sin estas dos premisas, por amargas que puedan resultar, no existe salida posible. Ahora hace falta, por parte de los políticos, inteligencia, altura de miras y cuajo. Además de unión sin fisuras.

Por cierto, que esas inevitables cesiones ante Cataluña deberán ser gestionadas con tino por parte de los dos grandes partidos, PP y PSOE. Habrán de convencer y calmar a sus líderes territoriales para que acepten las diferencias y no emprendan la peligrosa deriva de reclamar el mismo trato. Si no, no habrá solución.

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José Apezarena

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