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Cristina Cifuentes se mete ella solita en el avispero

La presidenta de la Comunidad de Madrid transita con cierta frecuencia por la ambigüedad, intentando zafarse de las acusaciones de izquierdismo y de ser el verso suelto del PP (ahí está, por ejemplo, su profesión de republicanismo). Sabe, por una parte, que eso le ha ganado buen número de votos, pero a la vez conoce que atrae la enemistad de una parte de su propio partido y de otros muchos que lo votan.

En esa línea, hace pocos días, Cristina Cifuentes realizaba una declaraciones en las que proclamaba: "No soy socialdemócrata", intentando así borrar una sospecha. Añadió a continuación que ella se define como "liberal".

Sobre ella existe dentro del PP un sentimiento contradictorio. Su condición femenina (que hoy es un valor, se diga lo que se diga), su imagen moderna, incluso su desparpajo y frescura, la convierten en una líder con mucho potencial futuro. Y no sobran dirigentes con ese perfil. Pero, al mismo tiempo algunos sectores se sienten incómodos con sus singularidades, que no acaban de coincidir con el sentimiento básico del partido, y que un día incluso podrían convertirse en un riesgo.

Ahora, Cifuentes acaba de meterse, ella solita, en otro avispero, del que difícilmente saldrá indemne; quiero decir, sin picaduras. Acaba de anunciar que la Comunidad aplicará de forma inmediata tratamientos de reproducción asistida a todas las mujeres que lo soliciten.

La oferta es sin restricciones: a las que lo pidan. Por tanto, no se mirará a su estado, es decir, si están casadas, solteras, divorciadas, si tienen o no pareja... Pero tampoco se condicionará a la orientación sexual, de forma que las lesbianas podrán igualmente acceder a esos tratamientos y convertirse en madres. El único requisito: ser mujer y estéril.

Como digo, acaba de meterse en un buen avispero.

El trasfondo de la posición de Cifuentes es la convicción que algunos/as tienen de que ser madre constituye un derecho, y por tanto debe ser "garantizado" por los poderes de manera indiscriminada. Algo que en realidad no parece muy razonable, pero menos aún propuesto de forma general: tratamiento de fertilidad para todas y cada una, costeado con fondos públicos.

Leía recientemente la opinión de un médico famoso, al que preguntaron por este tipo de cuestiones. Su respuesta fue: a mí lo que me importa son los hijos.

Tiene sentido esa contestación. Porque, entre otras consecuencias, decisiones como la anunciada por la presidenta de la Comunidad llevará posiblemente a una proliferación de hijos con madre pero en tantos casos sin padre. ¿Y alguien se ha planteado qué pensarán en el futuro esos hijos, a los que, dicho sea como hipótesis, nadie ha preguntado si querían encontrarse en situación tan excepcional, privados de la presencia complementaria de la paternidad?

Por cierto, que existen otras muchas carencias físicas en los ciudadanos que también podrían calificarse como derechos elementales. El derecho a ver, el derecho a caminar, a hablar... parecen también exigencias básicas. ¿Va la Comunidad de Madrid a costear todos los tratamientos necesarios para que quienes no pueden ver vean, no puedan andar anden, hablen quienes no están en condiciones de hablar? Y así podríamos citar un sin fin de limitaciones físicas y funcionales.

Lo dicho, un gran avispero.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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