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Han estallado las cloacas del Estado: España huele mal

España huele mal. No me refiero a la estricta percepción olfativa, a los olores típicos, a que en las calles no se pueda respirar, ni a que suframos físicamente una ola de aire fétido.

Me refiero a algunas cosas que estos días se vienen aventando en determinados medios, escandalosas y deplorables.

España huele mal, digo, porque se han desbordado, se han destapado, lo que suele llamarse "las cloacas del Estado".

Con tal nombre se alude a las ocultas actividades de algunas instituciones o personas que se encargan de trabajos sucios, extraoficiales y secretos, esos que, además de ser en general ilegales, no se pueden contar porque provocarían un rechazo absoluto de los ciudadanos.

Ya comentó en una ocasión Felipe González, sin demasiados reparos, que "el Estado de Derecho se defiende desde las cloacas y los desagües". El mismo González que acudió a la cárcel de Guadalajara a mostrar su solidaridad con Barrionuevo y Vera cuando ingresaban en prisión.

El peligro de que existan personas que laboran en los desagües y cloacas, dedicados a la ilegalidad, protagonistas de extorsiones, infiltraciones, grabaciones... es que se quedan con material peligroso para poder utilizarlo en el futuro. Bien para protegerse, para venganzas, para hacer favores o para sacar dinero.

Es lo que está ocurriendo en este país desde hace meses con lo que se ha venido en llamar la "guerra de comisarios". De comisarios de policía, se entiende. Mucho más triste, por tanto.

Uno de esos comisarios, considerado el principal filtrador, ha llegado a afirmar que posee "teras de información" sobre toda clase de personas destacadas, de distintos ámbitos. Y seguramente es verdad.

Por esa guerra han salido a la luz informaciones y grabaciones, revelaciones, algunas por cierto bastante antiguas y en muchos casos publicadas, recogidas en algún medio y magnificadas por alguna televisión.

Lo que está ocurriendo, lo que se cuenta, el espectáculo, resulta bastante penoso, la verdad.

Lo peor es que pueda parecer que el Estado se encuentra indefenso y patas arriba ante tales personajes. Pienso que el Estado no puede en ningún caso sentirse asustado, pero no estoy tan seguro de que no esté ocurriendo, visto lo escaso de las reacciones. Y pensarlo es algo muy inquietante.

Se han abierto las cloacas del Estado y por eso, como digo, España huele mal.

Es el famoso "algo huele a podrido en Dinamarca", encarnado ahora en la piel de toro. Lamentable.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena


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José Apezarena

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