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Feijóo y Herrera incendian el avispero del PP

A Mariano Rajoy no le gustan los jaleos. Le dan dolor de cabeza. Por eso, siempre que puede los soslaya, los evita, los aparca. Menos aún le gusta que los alborotos afecten a su partido. Y por eso procura poner todos los medios para que no le estallen.

Se ha contado en estas páginas que su anuncio camuflado de que piensa repetir como candidato en las próximas elecciones generales tuvo como objetivo acallar, incluso antes de que nazca, cualquier atisbo de batalla por la sucesión.

Y también perseguía mantener escondidos los debates que siguen pendientes dentro del partido, discusiones que ya se habían aparcado en el anterior congreso nacional.

Por eso, no debe de estar muy contento con la escandalera que ha producido en el Partido Popular lo que se refiere al cupo vasco, recientemente aprobado por el Pleno del Congreso, y asuntos relacionados.

Es sabido que ninguno de los líderes regionales se muestra de acuerdo con el convenio firmado para el País Vasco. Pero han optado por mantenerse callados. Eso sí, están exigiendo, para ya, un nuevo modelo de financiación autonómica.

Pero donde a los barones autonómicos se les ha acabado la paciencia, y por eso han comenzado a alzar la voz, es por la posibilidad de que, presuntamente para "solucionar" el problema independentista, se apruebe también un "cupo catalán". Algo que incluso ha sido estudiado en la ejecutiva del PP. Y  a Rajoy le ha llegado el mensaje de que no lo aceptarán.

Que haya salido respondón el presidente de Castilla-León, Juan Vicente Herrera, no tiene nada de extraño, porque hace ya tiempo que optó por andar por libre. La sorpresa es que también lo haya hecho Alberto Núñez Feijóo.

El presidente gallego, que va de chico aplicado y de meritorio, que sabe que su estrella luce con fuerza cuando se habla de la sucesión en el PP, suele mostrarse respetuoso con el líder máximo, cuyo apoyo podría resultar, en su día, una baza decisiva para alcanzar la nominación.

Pero Feijóo se ha sumado a su compañero Herrera y enviado a Madrid el mensaje de que no aceptará un trato especial para Cataluña, como moneda de cambio para acabar con el proceso independentista. Otros presidentes, como es el caso de Cristina Cifuentes, tampoco lo tolerarán.

Por eso, en su mejor estilo, Mariano Rajoy ha optado por aparcar el problema. Momentáneamente. Ha sido despejado a córner.

Las llamas han quedado amortiguadas. Pero las brasas siguen debajo de la ceniza. El día en que sople algo de viento, es decir, se vuelva a hablar de ventajas económicas para Cataluña, resurgirán.

El incendio no está apagado. Ni el avispero tranquilo.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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