Miércoles 22/11/2017. Actualizado 18:32h

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Felipe VI ante la imputación de su hermana Cristina

Hay que deducir, por supuesto, que no ha sido un gesto deliberado del juez Castro, pero su anuncio de imputar a la infanta Cristina ha saltado en un momento complicado para la Casa del Rey y para el propio monarca: en vísperas del discurso navideño de Felipe VI.

No se trata de una alocución cualquiera, sino de la segunda intervención más importante desde la abdicación de don Juan Carlos. La primera fue el discurso pronunciado en la proclamación, la segunda es esa comparecencia navideña ante los españoles por vez primera como nuevo rey. Una aparición que va a ser seguida con máxima atención, para adivinar, colegir y deducir cuáles son los parámetros de su reinado, y a la que ahora se añadirá la cuidadosa averiguación de cómo ha encajado la nueva situación penal de su hermana. Y qué opina sobre todo ello.

¿Podía haber aguardado el instructor tres o cuatro días más para dar a conocer el auto de apertura de juicio oral? Posiblemente, sí. Pero, por otra parte, tampoco hay que reclamar a un juez que esté atento a no poner las cosas fáciles, o difíciles, a nadie, aunque sea el mismísimo rey. Seguramente Castro no ha tenido en la cabeza la inmediatez de ese discurso navideño al dar a conocer su escrito precisamente el 22 de diciembre.

¿Cuál ha sido la reacción de La Zarzuela ante noticia tan explosiva como la imputación de la infanta Cristina por dos delitos contra la Hacienda Pública, y ante la previsión de su casi inevitable comparecencia pública en el banquillo de los acusados?

Ha dicho lo de otras veces: máximo respeto a las decisiones de la Justicia. Aunque en realidad no siempre ha practicado tal actitud. No lo hizo, al menos, cuando públicamente mostró su "sorpresa" tras conocerse la primera imputación de la señora de Urdangarín. Pero eran otros tiempos. Los del anterior rey, que no son, evidentemente, los del actual, Felipe VI.

¿Y qué tendría que hacer el nuevo monarca ante el panorama penal de su hermana? Dicho con rapidez, mantenerse al margen, con exquisita neutralidad. En la línea de la reacción anunciada ayer por La Zarzuela. En la misma que Felipe de Borbón adoptó inmediatamente después de que estallara el escándalo del caso Nóos. Una posición de distancia, que desde el principio fue entendida y apreciada por los ciudadanos, y que, hasta el momento, le ha mantenido incólume respecto a las derivadas negativas del escándalo.

Tal comportamiento, tratándose de su hermana, sin duda puede ofrecer imagen de dureza excesiva, de falta de corazón. Pero, desde el punto de vista institucional y dinástico, la alternativa es mucho peor.

¿Ha llegado el momento de que Cristina renuncie a sus derechos de sucesión? Sin duda. Hasta ahora existían algunas dudas de que finalmente se sentara en el banquillo, pero ahora apenas le quedan resquicios para evitarlo. Está el recurso de sus abogados ante la Audiencia de Palma para que se aplique la famosa 'doctrina Botín' pero, visto el auto que acaba de publicar el juez Castro, y conocidas las decisiones últimas de la instancia territorial, todo apunta a que no se admitirá dicha opción, y por tanto la infanta acabará en el banquillo de los acusados. Habrá que esperar, pero los vientos soplan en esa dirección.

Si en algún momento la infanta Cristina se ha planteado la renuncia, precisamente para no causar más daño a su hermano y a la dinastía, y lo ha dilatado hasta que se aclarara su horizonte penal, la ocasión anunciarlo ha llegado.

Estoy convencido de que se hermano Felipe, ni antes de ser rey, ni ahora que lo es, le ha sugerido tal decisión. Pero sí pienso que ha habido mensajes de intermediarios. Y si no han existido, este es el momento de que aparezcan a las claras. Entre todos ellos, un mediador muy destacado: su padre, don Juan Carlos. Ahora que ha pasado a la reserva, su petición, su consejo, de padre y de rey abdicado, puede resultar especialmente decisivo.

Una reflexión final. Por lo que dice a la monarquía, y al propio Felipe VI, la tragedia, que lo es, del caso Nóos acabará medio bien en función de que el final judicial resulte creíble. La deuda quedará saldada, la culpa pagada y borrada, si los españoles aprecian con nitidez que los tribunales se comportan limpia y libremente, y por tanto dictan una sentencia justa. Si no...

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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