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Fernando Savater quiere un papá y una mamá. ¡Inocente!

Luchar contra la realidad, contra la naturaleza de las cosas, constituye una empresa imposible y al final resulta batalla perdida. A ese nivel, las cosas tienden a volver a su ser… y vuelven.

Lo dicho puede parecer un principio obvio e incluso inútil, pero sin embargo tal realidad esconde consecuencias tumbativas, porque las cosas siempre luchan por volver a su ser y no paran hasta conseguirlo.

Ha pasado prácticamente inadvertida una polémica mantenida por Fernando Savater con la doctora Mercedes Navío, en las páginas de El País, a propósito de si los humanos han de tener padre y madre.

El 12 de diciembre, Savater firmó un artículo, titulado “Discriminar”, cuyo resumen aparecía en uno de los recuadros: “Querer ser padre sin madre o madre sin padre hurta a un tercero una parte esencial de su aventura personal”.

El filósofo y escritor comenzaba diciendo que el mejor modo de refutar cualquier crítica a una ideología o comportamiento “es acusar al crítico de padecer fobia contra lo que censura”, con lo que queda descalificado. Ya no hace falta entrar a analizar lo que dice.

Se refería a la sentencia judicial que condenaba por “discriminatoria” la actuación del ministerio de Sanidad al permitir solo la fecundación artificial a mujeres que hubieran fracasado más de un año en los intentos de lograrlo por coito vaginal.

Frente a quienes han apoyado la decisión judicial argumentando que Sanidad discriminaba a las  lesbianas o a las solteras que se negaban a mantener relaciones procreativas, diciendo que hacerlo era “homofóbico”, Savater se declara en contra.

“Que una mujer sana procree un hijo artificialmente para abolir al varón (o que uno o dos hombres utilicen un vientre de alquiler para un fin semejante pero inverso) es realmente discriminatorio para el recién nacido, huérfano programado y privado de una de las dos líneas de filiación que pertenecen a la condición humana. Es lícito querer ser padre o madre, pero querer ser padre sin madre o madre sin padre puede ser aceptado por un juez pero no por la reflexión ética, ya que hurta a un tercero una parte esencial de su aventura personal. Cualquiera puede criar a un niño, sean cuales fueren sus gustos eróticos, pero nadie participa en la paternidad como pareja de una probeta”.

Cinco días después, en carta al director, le respondió Mercedes Navío, quien firmaba como psiquiatra, profesora de psicología y máster en bioética, y que se confesaba lesbiana. Tras rechazar que hubiera discriminación a un tercero por el hecho de no tener padre o madre, negaba que sea imprescindible tenerlos.

Y concluía: “Artículos como el que usted ha escrito hacen este mundo menos habitable para él y son impropios de una autoritas ética como la suya”.

En una escueta carta al director, Fernando Savater le respondió: “Ahora que lo pienso, veo que tiene razón la doctora Navío Acosta. ¿De dónde me habré sacado yo que es necesario, imprescindible, tener un padre y una madre? La verdad es que creo recordar que lo he leído en Wikipedia”.

Parece bastante patente, añado yo, que lo natural es tener padre y madre. Las cosas son como son, por mucho que nos empeñemos en camuflarlas o cambiarlas. Los humanos, por constitución, necesitan un padre y una madre, y privárselos por decisión unilateral constituye una amputación lamentable. Y eso no es una inocentada.

Recordar tal realidad, a propósito del artículo de Savater, no es, como digo, una inocentada, a pesar de que escriba hoy, el 28 de diciembre, Día de los Inocentes. Que, por cierto, no hace memoria de ninguna broma, sino de una matanza de niños recién nacidos, a manos de un tal Herodes, máxima autoridad política de su país.

Y, con todo, aquella fue una carnicería menor. Muy menor, al menos, si la comparamos con la actual plaga del aborto, que constituye una auténtica pesadilla para este país nuestro.

Los partidarios del aborto están presumiendo estos días gracias a las últimas cifras, que hablan de un descenso en el número de casos. Es verdad que los abortos han bajado en España, pero es porque cada vez menos mujeres se quedan embarazadas, no porque la tasa porcentual de aborto haya descendido.

Volviendo al inicio de estas líneas, también en este drama las aguas retornarán a su cauce. Porque lo que es antinatural no puede prevalecer, por mucha campaña que articulen y por mucho calificativo que manejen. Un día, y no se tardará mucho, la humanidad abominará de haber matado, y masivamente, niños en el vientre de su madre.

Como también, por cierto, acabará la pesadilla de querer liquidar a las personas mayores porque dan trabajo, estorban y cuestan dinero a los servicios sociales. También habrá marcha atrás y golpes de pecho de los humanos.

Porque resulta que, en el mejor momento de la humanidad, cuando más capacidades ha desarrollado, cuando tiene más recursos para sostenerlos, es cuando decide impedir que nazcan seres humanos y liquidar a la población más vieja.

Como digo, esas anomalías no pervivirán. Como lo de negar a un niño tener un padre y una madre. Son objetivos antinaturales y la naturaleza nunca deja de pugnar por sus derechos y no para hasta implantarlos.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena


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José Apezarena

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