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Navarra no es Euskadi. Ni el botín nacionalista

Navarra, el próximo botín nacionalista”. Así titulaba esta semana Emilia Landaluce un inquietante artículo en El Mundo. En la misma línea, ese día el periódico publicó un editorial con encabezamiento parecido: Navarra como botín nacionalista”.

Landaluce detalla las tres zonas lingüísticas en que está dividida Navarra desde 1986: la vascófona (al norte), la zona mixta (que engloba a Pamplona y su comarca), y la zona no vascófona, en la que solo el 0,2% habla euskera y el castellano es la única lengua oficial. “El nacionalismo la denomina «zona discriminada». Con razón, aunque por los motivos equivocados”, escribe.

“Desde hace algo menos de un mes, si un ciudadano de Tudela, la ciudad más importante de la zona no vascófona, quiere ser guardia de seguridad de alguna empresa pública le vendrá bien aprender euskera. La Ley de Contratos, recientemente aprobada por el Gobierno cuatripartito de Uxue Barkos, obliga a las empresas que quieran trabajar con las administraciones públicas de la comunidad a tener un Plan de Euskera de Formación a los Trabajadores”.

“También tendría que saber vascuence nuestro tudelano (o tudelana) si quisiera opositar. Después de la aprobación del nuevo decreto foral que regula el uso del euskera en la Administración Pública de Navarra, su conocimiento también se privilegia en el acceso al funcionariado. En ocasiones, según la zona lingüística, incluso se valora más que un doctorado o máster de la especialidad”.

Y Landaluce añade: “Sería, por lo tanto, comprensible que muchos padres de la zona no vascófona comenzaran matricular a sus hijos en los programas de enseñanza en euskera en lugar de hacerlo en los modelos en castellano (con aprendizaje en inglés) que, de momento, son mayoritarios. En Navarra, el español, el idioma que habla habitualmente el 93,7% de la población, está discriminado”.

La tentación de ‘pasarse’ al euskera es clara. “No sólo está la posibilidad de facilitar el acceso al trabajo. El Gobierno navarro hace todo lo posible para que el euskera penetre en la población castellanohablante. Por ejemplo, se paga el comedor y el autobús a los niños que elijan estudiar en euskera. Por otro lado, mientras la Consejería de Educación se resiste a desdoblar los cursos con exceso de alumnos, está dispuesta a abrir aulas infantiles en euskera con tan sólo cuatro niños. Para hacerlo en castellano, exige siete”.

“Pese a esas sutilezas verbales que presentan como derechos lo que son imposiciones, el Gobierno del cuatripartito ha convertido el euskera (según el último estudio de Soziolinguistika Klusterra sólo lo usa habitualmente el 6,7% de los navarros) en un elemento identitario vertebrador. Nada nuevo. La estrategia nacionalista es siempre recurrente. La triada pueblo, nación e idioma exige por derecho un Estado”.

“El Parlamento foral aprobó el año pasado un cambio legal para que 44 localidades pasaran de la zona no vascófona (son 110) a la mixta (ampliándola a un total de 98 municipios) y una, Atetz, pasara de la mixta a la vascófona (64). La modificación permite reconocer la competencia de las entidades locales para aprobar ordenanzas que regulen y fomenten el uso del euskera, con el fin de «adecuar la norma a la evolución de la realidad sociolingüística»”.

Escribe Landaluce que algunos comparan la situación de Navarra con Cataluña, que es vista como un modelo en el que vislumbrar el porvenir que aguarda a Navarra. En Cataluña empezaron de modo suave, con una ley para usar el catalán y, poco a poco, lo que en su inicio era una amable insinuación se convirtió en una exigencia ejercida con la violencia de una sanción. La ley foral tiene una formulación ambigua, pero el reglamento que vendrá a continuación será tan obligatorio como punitivo, según Julio Pomés, presidente del think tank Civismo. Que aporta un dato: desde la llegada del cuatripartito en junio de 2015, el tejido empresarial navarro ha perdido más de 2.200 millones por la marcha de empresas.

Uxue Barkos, presidenta con los votos de su partido Geroa Bai (coalición que integra al PNV y tiene 9 escaños), EH Bildu (8), Podemos (7) y la marca navarra de Izquierda Unida (2), sólo necesitó seis meses para convocar un pleno monográfico sobre el derecho a decidir.

“Aquel pleno –dice Landaluce- podría resultar simbólico a los oídos profanos, pero en Navarra se da un caso excepcional. La Constitución española a través de la disposición transitoria cuarta establece un procedimiento para la incorporación de Navarra al País Vasco mediante referéndum que no necesita ser aprobado por el Congreso de los Diputados”.

Relata Landaluce, que desde la llegada del cuatripartito al Gobierno de Navarra, se han puesto en marcha numerosas medidas para que la minoría nacionalista pase a mayoría. El primer efecto de las leyes lingüísticas será la restricción de oportunidades a los castellanohablantes de Navarra y de otras comunidades autónomas, frente, por ejemplo, a los ciudadanos que llegan del País Vasco, donde el euskera es ya requisito. «Es todo muy sibilino. Es como esa lluvia fina. Cuando te quieres dar cuenta...», explica un empresario que prefiere mantener el anonimato.

“El nacionalismo en Navarra ya ha calado hondo. Y la situación será irreversible si el cuatripartito vuelve a obtener la mayoría absoluta en 2019”, dice Ana Beltrán, del PP de Navarra.

El año pasado, el cuatripartito derogó la Ley de Símbolos, que prohibía ikurriñas en los ayuntamientos de Navarra. Desde entonces, la Delegación del Gobierno denuncia cada vez que un consistorio iza la bandera vasca o retira la española porque, aun con la derogación, rige la Constitución y la ley de 1981, y las únicas enseñas legales siguen siendo la española, la del municipio, la bandera de la Comunidad foral y la de la UE.

Hace unos meses, el Consejo de Navarra obligó al cuatripartito a variar su Decreto sobre Toponimia porque pretendía normalizar el uso de los nombres en euskera de los municipios aunque no fueran oficiales. En el caso de haberse aprobado, Tudela habría pasado a llamarse Tutera. «¿Tutera? No lo había oído en mi vida», dice un tudelano.

En Tudela, donde el único idioma oficial es el castellano, resulta habitual encontrar anuncios del Gobierno en vascuence. Un funcionario tudelano ya ha dejado de indignarse porque la consejería de la que depende le envía correos electrónicos donde se prioriza el euskera. “Aunque, más abajo, estén traducidos en castellano. Cosas así antes no pasaban pero desde que llegaron estos (por el cuatripartito)...”.

Paso a paso, los ciudadanos navarros de la zona no vascófona van acostumbrándose al euskera. Un miembro de la Policía Foral cuenta que, hace unos meses, algunos compañeros devolvieron sus carnets porque estaban en vascuence.

“El nacionalismo no se resigna a respetar la realidad sociolingüística. En junio de 2017, se aprobó la inclusión en la zona mixta de 44 localidades que hasta entonces estaban en la zona no vascófona. Un paso más hacia uno de sus objetivos históricos: eliminar la zonificación de 1986 y que el euskera sea oficial en toda Navarra”. Exactamente lo que acaba de reclamar EH Bildu en el Parlamento foral.

Hace un mes, en Tudela, un grupo de vecinos recibió hostilmente, con carteles de apoyo a la Guardia Civil, a los participantes en una Vuelta a Navarra puesta en marcha por familiares y amigos de los procesados por el apaleamiento a dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua. “Perdona que me ría. Navarra no es Euskalerría, rezaba el desplegado por Juventudes Navarras.

En el editorial, El Mundo denuncia que “desde las instituciones de la región se está acometiendo un auténtico plan de ingeniería lingüística para avanzar en la pretendida fusión con Euskadi. Un objetivo éste que siempre ha sido prioritario para ETA y que hoy sus sucesores políticos impulsan desde las instituciones”. 

Landaluce concluye su escrito: “La política lingüística es un arma poderosísima que el nacionalismo no está dispuesto a ceder. Y Navarra es un polvorín”.

Y yo, por mi parte, concluyo también: Navarra no es Euskadi. Ni va a ser el botín nacionalista.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena

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José Apezarena

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