Lunes 18/12/2017. Actualizado 11:26h

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A PSOE y Ciudadanos les queda todo un mundo por delante

Ciudadanos y PSOE escenificaron ayer de cara a la galería un acuerdo que hacía muchos días que estaba prácticamente cerrado.

Incluso hubo apariencias de suspense porque, tras la comparecencia mañanera de Albert Rivera desgranando el contenido de sus exigencias, desde el PSOE primero anunciaron una rueda de prensa, luego no se celebró, y hasta tardaron unas pocas horas en confirmar todo por la tarde, en boca de Pedro Sánchez, cuando proclamó que aceptaba las propuestas de sus socios coyunturales.

Como concesión graciable, el candidato a la investidura ha permitido a los aliados vender el pacto, presentarlo como un triunfo de Ciudadanos, que ha planteado sus cinco condiciones y lo ha logrado todo. Una victoria.

Sin embargo, muy pronto se supo con quién estaba negociando de verdad Pedro Sánchez. En cuanto se conoció en qué delegación figuraba José Enrique Serrano, y se difundió que con la representación de Ciudadanos, la conclusión fue muy sencilla: el pacto iba a ser con ellos.

En las otras mesas, montando el paripé a dos y a cuatro, se sentaron Antonio Hernando y el resto de integrantes del supuesto equipo negociador. Y hasta 'consiguieron' el visto bueno de Pablo Iglesias para esa negociación simultanea a dos bandas, o sea, también y al mismo tiempo que con Ciudadanos, que era la verdadera.

Porque donde se hablaba en serio, con propuestas y soluciones, con acuerdos, era en la mesa que lideraba el hombre que durante años ha sido cerebro en la sombra de Felipe González, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba, y que hoy sigue siéndolo con Pedro Sánchez: José Francisco Serrano.

Bien. Ya hay acuerdo entre socialistas y Ciudadanos. Pero su capital político no parece demasiado boyante: unos magros 130 diputados.

A Pedro Sánchez le queda todo un mundo por delante para conseguir en el Congreso una mayoría suficiente que le convierta en presidente del Gobierno. Tiene que lograr que al menos uno de los otros dos grandes partidos, PP o Podemos, se abstengan en lugar de votar en contra.

Hay que descartar absolutamente que el PP de Mariano Rajoy permita la investidura. Así que solamente queda la opción de que Pablo Iglesias se avenga a ello.

De entrada, Iglesias no lo tiene fácil. Porque, si veta la formación de ese Gobierno socialistas-Ciudadanos, sus bases podrán echarle en cara haber impedido un Gobierno 'progresista', que además desaloja del poder a los populares. Pero, al mismo tiempo, si le da vía libre, se vincula al destino de ese nuevo Ejecutivo (puesto que lo tolera) y, además, deja pasar la oportunidad de convertirse en la única alternativa por la izquierda, que es una tentación muy poderosa.

En fin, que a Pedro Sánchez (y a Albert Rivera) les queda todavía todo un mundo por delante.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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