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Pablo Iglesias está equivocado

Escuché personalmente a Pablo Iglesias, en alguna de las tertulias de televisión en las que coincidimos, que Podemos era producto de la indignación, consecuencia del cabreo existente en amplias capas de este país por la crisis, los desahucios, los recortes... Y tenía razón.

En militancia, pero sobre todo en apoyos callejeros, el partido se nutrió del elevado número de individuos, de todas las edades, por cierto, y de casi todas las profesiones, que se sentían vapuleados, maltratados, olvidados y marginados. Que estaban enfadados.

Estoy hablando del año 2011, del 15 M, de los indignados, de las concentraciones en la Puerta del Sol y en las plazas de toda España, en fin de lo que entonces llegó a denominarse "Spanish Revolution".

De ahí surgió Podemos. Y sobre tales presupuestos se forjaron sus buenos resultados en las europeas de 2014 y en las generales de 2015.

Se puede decir, sin embargo, que las elecciones del 20 de diciembre marcaron el máximo que podrá alcanzar. A partir de entonces, al partido solo le queda ir hacia abajo, porque las mimbres básicas que lo justificaron y auparon han desaparecido en buena medida.

No es que España esté bien. Por supuesto que no. Pero hoy no se encuentra tan mal como en aquellos años negros. Una demostración elemental es la disminución de la conflictividad. Resulta una evidencia que no se convocan aquel número de manifestaciones y que los indignados que se echan a la calle han disminuido radicalmente.

Así que el cabreo no puede ser ya el argumento que coloque a Podemos como primer o segundo partido del país. Necesita buscar otros principios, otras razones, otros basamentos, si pretende ser una fuerza política relevante y decisoria, si pretende gobernar un día.

Desde luego, la base para alcanzar esa meta no puede ser el miedo, como propugna ahora el renacido (porque parece haber vuelto a sus orígenes) Pablo Iglesias. Sobre el temor no se construye democracia; se construye dictadura.

Existe una nueva situación en España, diversa de aquella de 2011, y para merecer el voto masivo de los ciudadanos tendrán que conquistarles. Que es lo que propone el rebelde Íñigo Errejón.

Pablo Iglesias está equivocado.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena

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José Apezarena

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