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Pedro Sánchez se propone robar la merienda a Pablo Iglesias

Tras una temporada prácticamente desaparecido, al menos mediáticamente, Pedro Sánchez ha vuelto. Y al parecer deseoso de estrenar el año con nuevos bríos.

Ayer protagonizó un desayuno político en Madrid, en el que anoté, como dato más reseñable, sus cantos de sirena hacia los votantes de Podemos. No hacia el partido, del que afirmó que ha dejado de ser "socio preferente" del PSOE (lo dijo para descartar la presentación de una moción de censura). Ni por supuesto, para con su líder, Pablo Iglesias.

El secretario general socialista, que insistió en repetir lo de "el nuevo PSOE", citó en más de una ocasión a las nuevas generaciones, y en concreto a "quienes salieron a la calle" y protagonizaron el famoso 15 M (el movimiento que fue cuna del partido morado), para afirmar a continuación: "Me siento muy próximo  a los votantes de Podemos". Eso se llama, sin duda, deseos de conquista en territorio ajeno.

Se desmarcó de su líder, Pablo Iglesias, afirmando, entre otras cosas, que últimamente "siempre ha votado con los independentistas". Añadió que Podemos se ha visto desbordado "por no defender la soberanía nacional". O sea, culpa de Iglesias.

La otra línea de fuerza en la comparecencia de Pedro Sánchez fue Ciudadanos, a quienes aludió por activa y por pasiva. Los calificó de "compañeros de viaje y sostén del conservadurismo", y afirmó que PP y C's tiene "la misma ideología", de derechas, por supuesto. Según Sánchez, el Gobierno se encuentra "en estado de shock" por los avances electorales de su principal competidor.

Preguntado si el PSOE apoyaría en Cataluña un gobierno encabezado por Inés Arrimadas, respondió diciendo que la líder de Ciudadanos aún ni siquiera ha hablado con Iceta. Y destacó que, en la entrevista publicada el día anterior, lunes, se dedicó a arrear a los socialistas, así que...

Pedro Sánchez presumió de algunas cosas. De haber trabajo hace años en la OCU, de que sus dos hijas estudian en la enseñanza pública, y de la UME, la Unidad Militar de Emergencias, el invento de Zapatero inicialmente criticado y ahora elogiado (por cierto, a sus integrantes, miembros del Ejército como es conocido, les llamó “empleados públicos”).

Propuso diez acuerdos de país, que desea elaborar "en alianza con la sociedad". Lo que se ha interpretado como que, de cara a la próxima cita electoral, "el nuevo PSOE" abrirá puertas y forjará complicidades con entidades y grupos sociales más allá del propio partido como tal.

Entre esas propuestas aparecieron dos nuevos impuestos: uno sobre transacciones financieras (recalcó que ya existe en Inglaterra), y el otro sobre la banca, para que contribuya a sostener el sistema pensiones, con el argumento de que se les ayudó a salir de la crisis. Lo cifró en 1.000 millones anuales.  

El líder del PSOE habló del agua como "valor emocional", y aportó un neologismo: familias "monomarentales", frente a "monoparentales", con el argumento de que el 80% de estas últimas tienen al frente una mujer.

Resultó llamativa su respuesta a la cuestión de si Margarita Robles, la portavoz en el Congreso, sería una candidata adecuada al Ayuntamiento de Madrid. Contestó: "Tiempo al tiempo". O sea, no lo negó. Aunque tampoco lo confirmó. "Lo decidiremos entre todos", remachó.

Dos detalles más. No se mostró contrario a la OPA de la italiana Atlantia sobre Abertis, y, cuando le preguntaron qué posición tiene respecto a la enseñanza concertada, por inadvertencia, por olvido, o de intento, no respondió 

Por allí andaban algunos personajes notables. Entre otros, el presidente extremeño, Fernández Vara, convertido en escudero de Pedro Sánchez; un Pepe Blanco, ex secretario de Organización, que presidió la mesa electoral de las primarias nombrado por la gestora anti-Sánchez, pero que parece resucitar y al que sentaron en la segunda mesa por importancia; y otro ex secretario de Organización, con Pedro Sánchez, César Luena, ubicado en una mesa lateral y al que pocos saludaban.

Un último apunte. Me extrañó, me sorprendió, el tono vital bajo, casi aburrido, que mostró Pedro Sánchez en el tramo final de su comparecencia. Como si estuviera cansado, desanimado o algo así. A lo mejor no es más que una impresión sin validez ninguna.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter @JoseApezarena


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José Apezarena

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