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Procesiones y el himno de José Bono

Durante la Semana Santa, y por la vía de los hechos, las autoridades militares están haciendo la vista gorda frente a las absurdas, cuando no sectarias, disposiciones de la ministra Chacón sobre honores y participación de unidades en actos religiosos y desfiles procesionales.

Aunque lo indicado sería anular reglamentariamente tales normas, y en eso el ministerio de Defensa debería andar listo, lo cierto es que se vuelve a la observancia de viejas y arraigadas tradiciones en ciudades y pueblos de toda España.

Al hilo de tal acontecimiento, me parece que sería también buena idea desmontar algunas de las ocurrencias que en su día tuvo otro ministro de Defensa, José Bono, como aquella de borrar el lema de la Academia General de Suboficiales de Talarn (Lérida).

Un 7 de julio, los alumnos, por su cuenta, repusieron en la loma las letras blancas con su frase emblemática: “A España servir hasta morir”.

En esa línea de recuperaciones, me parece buena idea devolver al himno “La muerte no es final” sus estrofas anteriores, anulando así el himno de José Bono, que en su día se metió a reformador, a la vez que poeta malo.

Hasta la llegada de Bono, lo que se cantaba era:

“Lo demandó el honor y obedecieron, lo requirió el deber y lo acataron. Con su sangre la empresa rubricaron, con su esfuerzo la Patria redimieron. Fueron grandes y fuertes, porque fueron fieles al juramento que empeñaron. Por eso como valientes lucharon y como héroes murieron. Por la patria morir fue su destino. Querer a España, su pasión eterna, servir en los Ejércitos su vocación y sino. No quisieron servir a otra bandera, no quisieron andar otro camino, no supieron morir de otra manera”.

El ministro eliminó la cita a la bandera, con el argumento de que así no habría “guerra de banderas”. Y también la referencia a la muerte, con la peregrina razón de que alguno podría ver alusiones al accidente del Yak 42.

Total, que la letra de vate José Bono, que es la que ahora se canta, quedó así:

“Lo demandó el honor y obedecieron, lo requirió el deber y lo acataron, con su sangre la empresa rubricaron, con su esfuerzo la patria engrandecieron. Fueron grandes y fuertes porque fueron fieles a los ideales que abrazaron. Por eso como valientes lucharon y como héroes murieron. Por la patria morir fue su destino, querer a España su pasión eterna. Servir en los Ejércitos, su vocación y sino. No pudieron servir con más grandeza. No quisieron andar otro camino, no supieron vivir de otra manera”.

En fin, que propongo volver al texto anterior. Que tiene algo más de tradición que las ocurrencias tardías del ministro Bono.

editor@elconfidencialdigital.com

En Twitter: @JoseApezarena

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José Apezarena

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