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¿Protocolo contra el ébola? ¡Aquí no hay ningún protocolo!

Nina Pham, enfermera del Hospital Presbiteriano de Texas, en Dallas, se encuentra infectada por ébola tras haber atendido a Thomas Eric Duncan, el primer fallecido por la enfermedad en Estados Unidos. Hoy, cuando al personal de ese centro médico se les pregunta si siguieron las normas de seguridad contra el virus, responden: "¿Protocolo? ¡Aquí no había ningún protocolo!".

Los datos proceden de la National Nurses United, una asociación de enfermeras de Estados Unidos, que ha publicado en su web un descarnado relato sobre la situación en el hospital, a partir de los testimonios de profesionales del centro.

Las enfermeras del Texas Health Presbyterian han trasladado a la asociación su malestar por la falta de entrenamiento y de preparación y por lo que allí ocurrió. Afirman que su inquietud es compartida por muchos en el hospital, ante lo que consideran falta de protocolos y que hubo confusión y cambios constantes de instrucciones.

 En síntesis, el relato de las enfermeras es:

Cuando Thomas Eric Duncan llegó por primera vez al hospital, entró con fiebre elevada pero fue devuelto a su casa.

La segunda vez fue trasladado en una ambulancia, cuando existía ya la sospecha de que él y miembros de la familia pudieran tener ébola.

Una vez en el hospital, Duncan permaneció varias horas sin ningún aislamiento, en una zona donde aguardaban otros pacientes más.

Nadie sabía qué protocolos aplicar, ni qué tipo de equipo de protección personal debía ser usado, y no había entrenamiento.

Posteriormente, un supervisor exigió que se le trasladara a una zona de aislamiento, en contra de la opinión de los directivos del centro.

Muestras de laboratorio tomadas a Duncan fueron transportados a través del sistema de tubos de hospital, sin haber sido especialmente sellados, ni entregadas en mano. Como consecuencia, la red de conductos por la que circulan todas las muestras de laboratorio quedó potencialmente contaminada.

No había preparación sobre qué hacer con ese tipo de pacientes, no existía protocolo alguno. Se pidió a las enfermeras que llamaran al Departamento de Enfermedades Infecciosas, departamento que tampoco tenía políticas claras a ese respecto.

Las primeras enfermeras que atendieron a Duncan utilizaron ropas no impermeables, tres pares de guantes sin ajustar alrededor de las muñecas, máscaras quirúrgicas del tipo N-95 y protectores para la cara. Algunos supervisores dijeron que los N-95 y las máscaras no eran necesarias.

Los trajes que se les dio mantenían expuesta la zona del cuello, la parte más cercana a la cara y la boca. Para el cuello, hubieron de usar cinta médica, que no es impermeable y tiene costuras permeables. Tuvieron que ponerse la cinta y quitársela por su cuenta. 

Duncan presentó diarreas y vómitos, es decir gran cantidad de líquidos contagiosos.

Cargos del hospital permitieron a las enfermeras que habían atendido a Duncan continuar  tareas habituales, como el cuidado de otros pacientes. Después, esos pacientes fueron enviados a unidades de aislamiento, pero al día siguiente se les trasladó, incluidos algunos que presentaban fiebre baja pero que potencialmente podrían ser contagiosos, a otras zonas en las que había más enfermos.

Personal del hospital entraba y salía de las áreas de aislamiento, en el servicio de urgencias, sin haberse puesto el equipo de protección. Los pasillos que utilizaban no se mantuvieron limpios posteriormente.

La preparación previa se limitó a un correo electrónico dando cuenta de una conferencia/seminario opcional sobre el ébola. El citado seminario fue tratado como los otros cientos que se ofrecen rutinariamente al personal. Para que hubieran sido eficaces, las clases tendrían que haberse impartido en repetidas ocasiones Y abarcando a todas las enfermeras.

No existía ninguna instrucción sobre lo que las enfermeras tenían que hacer en el caso de llegada de un paciente con síntomas de ébola. No había formación previa práctica sobre el uso de equipo de protección personal para el ébola, ni formación sobre los síntomas que debían buscarse, ni formación sobre qué preguntas hacer.

Se organizaron algunos entrenamientos después de que se supiera que Duncan había dado positivo por ébola, pero fueron limitados, y no incluyeron prácticas sobre la forma correcta de poner y quitar los equipos de protección para garantizar que no se infectaban ni propagaban la infección a otros.

Las enfermeras dicen que tenían que haber recibido entrenamiento también sobre la forma de deshacerse de los residuos. Afirman que no ha habido políticas de limpieza y desinfección de los locales. No había nadie para recoger residuos peligrosos. No tienen equipos adecuados.

Las enfermeras, en fin, se sintieron sin apoyo, sin preparación, mintieron y desertaron para manejar la situación por su cuenta.

Aquí finaliza el relato ofrecido por la National Nurses United. Muy sorprendente.

editor@elconfidencialdigital.com

Twitter: @JoseApezarena


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José Apezarena

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