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Sánchez convierte el fiasco de Maxim Huerta en un éxito suyo

El anterior ministro de Economía con el PP, que sucedió en la Cartera a Luis de Guindos, llegó al Gobierno pensando que quedaban dos años de legislatura. Y se encontró con que una moción de censura echaba abajo al Presidente, y mandaba al paro al Gabinete en su totalidad.

El suceso, es decir, el poco tiempo que permaneció en el ministerio, junto con otras circunstancias, como el haber abandonado un buen puesto (muy bien retribuido) para poco después quedarse sin nada, ha quedado inmortalizado en la expresión "hacer un Román Escolano", que pretende expresar la paradoja

La dimisión del hasta ayer ministro de Cultura, Maxim Huerta, a los seis días de haber sido nombrado, constituye un récord difícilmente superable. De forma que, para sucesos semejantes, seguramente dará origen a la expresión "Hacer un Maxim Huerta". Porque es el ministro que menos ha durado en la historia de España.

Vistos sus problemas con Hacienda, por los que fue condenado, y más aún otras revelaciones posteriores (como el asunto del chalet) que no eran tan conocidas, Pedro Sánchez no ha tenido más remedio que solicitarle el cese. Aunque, como siempre, se haya presentado como una decisión voluntaria del afectado.

Desde el punto de vista político, no tenía un pase que el actual Gobierno, que se ha aupado hasta La Moncloa utilizando el trampolín, o la excusa, de los casos de corrupción del PP, mantuviera entre sus integrantes a una persona con ese irregular pasado económico.

Pero es que, además, el propio Pedro Sánchez (¡maldita hemeroteca!) había proclamado solemnemente: “Si yo tengo en la ejecutiva de mi partido, en mi dirección, a algún responsable político que crea una sociedad interpuesta para pagar la mitad de los impuestos que le toca pagar, esa persona al día siguiente estaría fuera”. O sea, exactamente la actuación del hasta ayer ministro de Cultura.

El caso Maxim Huerta constituye en sí mismo, sin duda, un fiasco político. Tener que prescindir de un ministro a los seis días del nombramiento, y por sus problemas con Hacienda, no deja en buen lugar a quien lo nombró, al Presidente. No seleccionó muy bien.

Y, sin embargo, Pedro Sánchez va a aprovechar para sacar partido del cese. Porque empieza a ser presentado como una demostración de la rotundidad con que este Gobierno, y su titular, persiguen cualquier rastro de corrupción o irregularidad económica.

Así que el fiasco del cese de Maxim Huerta se convierte en un triunfo más de Pedro Sánchez. Cosas de la política. Y de la comunicación. O quizá de la simpleza.

editor@elconfidencialdigital.com

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José Apezarena

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